viernes, 8 de noviembre de 2013

El Espacio Publico en Paris.



















Ojalá me entiendan este resumen que hicimos,
para agradecer a mis amigos Francoise y Francois Lemarchand
un precioso regalo francés:
esos planos enormes de maicillo,
ordenados geométricamente
con macizos de boj e hileras de plátanos orientales,
abiertos generosamente;




















un espacio público no privatizado por rejas, guardias,
ni publicidad comercial,
donde uno puede tomar, fumar, y conversar a cualquier hora
en la vereda de un bar,
aunque llueva un poco,
mezclado en una multitud anónima vestida de negro,
o caminar tomado de la mano de quien uno quiera
por la orilla adoquinada del Sena
sin barandillas ni rejas,
















la hermosa amistad de sus amigos Bergitt y Christián,
y sus cantos rituales tan primitivos y frescos,
el queso fresco de ovejas de Córcega,
los vinos sabrosos y suaves,
el gusto de comer con ellos,
y caminar por Versalles
en fin,




















los mejores recuerdos
de momentos felices que uno atesora,
porque esa es la felicidad,
no creen?


























Igual vuelvo feliz a Santiago,
aunque esta ciudad sea todo lo contrario,
y vaya en camino de convertirse en Barcelona,
una ciudad de gente apurada y poco amable
llena de autos y de ruido,
donde los buenos lugares para caminar o andar en bicicleta
están lejos de la vida diaria, etc,

un abrazo

Germán


Querido Germán,

Siempre regalas palabras sugerentes.
París, Francia. ¡Qué Lugar!
Entre mis mejores recuerdos,
algunos de los más felices se dieron allí.

Andando por París,
viviendo en un departamentito en el Boulevard St. Michel,
con mis hijas hace ahora casi 4 años,
mostrándoles esa ciudad ya para mí muy amada,
que me deslumbró –literalmente-
en mi primera salida de España sin mis padres,
a los 16 años viajando en tren con un gran amigo,
a la que volví otras veces,
y más adelante con Sonia, doblemente enamorado,
en una mini luna de miel
–estaba a punto de acabar el sufrido proyecto fin de carrera-,
y que siempre me extasía.

La verdad es que París es
una de las más completas y maravillosas obras humanas.

Y Francia habría que inventarla si no existiera.

A los 16 años recorrí Normandía con ese amigo,
en una felicidad pura como nunca recuerdo.

Francia es casi es una obsesión;
en 2006 recorrimos deliciosamente lentos el canal du Midi,
en una barcaza,
tomando queso y vino y viendo el cielo y el sol y la luna
a través de la bóveda de los árboles sobre el canal,
y fuimos de noche en bicicleta por los caminos entre los campos,
con Patricia y Helena en esa edad irrepetible para un padre.
En 2008 recorrimos en bici parte del curso de Loira,
en días soleados y lluviosos,
parando en pueblitos llenos de Francia.

La naturaleza civilizada.

Sé que Woody Allen te repele,
pero tienes qué ver su última película, Midnight in Paris.

Es deliciosa. Y una oda a París.

(y él no aparece en la pantalla).