viernes, 8 de noviembre de 2013

Espacios Inútiles.




La calidad de la ciudad no depende tanto de la calidad de sus casas y edificios, 
sino más bien de la calidad y amplitud de los espacios que quedan entre ellos. 
De sus calles, parques y plazas, pero también de los lugares que parecen inútiles.






















Hay dos tipos de lugares que parecen inútiles en la ciudad. 
Los que parecen inútiles pero se cuidan bien, 
porque su gratuidad nos engrandece, 
como por ejemplo el cajón del río Mapocho que se mantiene vacío; 
los grandes parques urbanos sin entretenciones de fantasía; 
los terrenos pelados mal llamados baldíos, 
y el pie de la cordillera y de los cerros aislados sin construcciones. 
Estos lugares abiertos están llenos de potencial, 
y sirven para que la gente los llene con sus esperanzas y sueños. 
Para que ponga imaginariamente en ellos lo que quiera.

Y los que son verdaderamente inútiles porque no hacen ninguna falta, 
y sólo muestran la codicia que también tenemos. 
En ninguna ciudad de Chile hacen falta edificios de más de cinco o seis pisos, 
porque la escasez de suelo que podría justificarlos 
está creada artificialmente por la política de fijar límites urbanos 
que todos saben que después se corren. 
Tampoco son necesarios para abaratar el costo de infraestructura, 
que no es más alto en barrios de baja densidad que en barrios de alta densidad, 
como lo demuestra “Sanhattan”.

Tal vez, una de las mayores riquezas de Chile que nos negamos a usar 
es la abundancia de suelo apto para construir, 
para esa mayoría que prefiere, si puede elegir, 
vivir en casas y barrios más dispersos por gusto, 
y no porque no quieran tener una vida urbana.

Porque lo que hace que los barrios de una ciudad sean urbanos, 
o sea más amables y tolerantes para acoger la diversidad
 propia de la vida en la ciudad, 
no son el urbanismo ni la arquitectura, 
sino la urbanidad de las personas: 
su educación o preparación, 
para vivir bien en la proximidad de los otros.

Son sus habitantes los que hacen que una ciudad sea urbana, 
y no la forma ni la densidad de la ciudad. 
Incluso, hay barrios más altos y más densos 
que son menos urbanos que otros más bajos y más dispersos. 
Y vuelvo a repetir el ejemplo de “Sanhattan”.


Germán del Sol