martes, 16 de abril de 2013

La Ciudad y Sus Cuidados.







Algunos descuidos tan grandes,
como por ejemplo el Transantiago,
hoy importan a la gente mas que Santiago mismo,
con justa razón,
porque la ciudad de ahora,
es una red entrecruzada de lazos y de relaciones humanas,
de oportunidades de encuentros de todos los tipos,
de amor, de trabajo, de ocio, de intereses comunes,
y por supuesto de desencuentros,
que también juegan un rol en la vida:

don Tino, un viejo de Llifén que murió ayer,
decía que a el le gustaba, "tomare, fumare y peleare"...

Cuando se corta esta corriente fecunda,
no recibimos la vida en la ciudad
como un estímulo 
sino como una frustración,
y se pierde la dignidad común,
de la que todos necesitan formar parte.

Tal vez, Santiago esta inmovilizada,
porque la vida de la ciudad depende
menos del urbanismo y mas de la urbanidad;
de la capacidad afectiva me atrevo a decir,
de vivir bien con los demás,
y de reprimir con gusto
algunas costumbres egoístas de pueblo chico,
a cambio de todas sus ventajas.

Quizá, ahora no hay solo que cuidar la ciudad misma,
sus calles, sus plazas y sus casas,
sino que hay que cuidar que estén hechas con cariño,
para que sean fruto del afecto,
y no solo del comercio inevitable.

Por eso tratamos de mostrar,
que la belleza de algunas cosas nuestras muy sencillas,
proviene tal vez del cuidado con que están hechas,
mas que de su ingeniosa capacidad 
de hacer mucho con poco
para satisfacer tantas necesidades.

Porque el fervor es la fuerza motora esencial
que tienen los artistas o artesanos,
para transformar la materia bruta que es la naturaleza,
la lana, el palo, o el barro que reciben,
en belleza que dan..

Los ingenieros, los obreros o los comerciantes,
también tienen que hacer sus obras con fervor,
para que la ciudad no sea un conjunto de obras esporádicas,
unas calles, unas casas, unos condominios cerrados,
unas plazas o unos parques por ahí
-todo muy bien iluminado-
por allá unas autopistas, calles, autos, motos, camiones,
micros amarillas repintadas o buses articulados,
un río sin orillas que corre sucio y desangelado…

Sino que la ciudad sea una totalidad
de un sereno término medio,
y sobretodo que tenga el afecto de su gente
para que la vean como ven 
a Nueva York los neoyorquinos:
mucho mejor de lo que es:
una ciudad amable y fecunda para la vida.

Porque mientras tanto,
casi nadie se vuelve al campo.

un abrazo

Germán del Sol
Abril 2013

1 Comments:

Anonymous Claudia Cajtak said...

Estimado Germán,
He tenido el atrevimiento de usar unas palabras suyas para resumir lo que es el Proyecto Wanaku que dirijo.

A través del año pasado en que he estado mascullando internamente,mientras recorria los paisajes, hacia amistad con los tejedores, las hilanderas y las gentes de los alredores de La Ligua, estos textos que tuve la suerte de encontrar en su blog me han servido de compañía, otra veces han sido un gran consuelo, y sobre todo han sido una fuente de gran placer porque parece que los locos no estamos solos.

Gracias por compartir sus pensamientos.

Claudia Cajtak B.

8:56 p.m.  

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