domingo, 23 de julio de 2006

Las Carreras de Llifèn. El Lugar en el Mundo.



















Semillero, Trueca, Hereje y los tres en Llifen, Julio 2004

El afecto proviene tal vez de los cuidados
que cada uno presta a los demás,
¿y porque no?, a si mismo.
Pensaba esto en las carreras de caballos a la chilena,
mientras el carro bomba venia a buscar
a un par de bomberos haciendo sonar su sirena
para ir a apagar un incendio,
conscientes de su importancia grande o pequeña,
que les da un lugar en el mundo,
que casi todos aquí encuentran.

Lo mismo da que este mundo sea grande o pequeño,
todos al fin y al cabo queremos ser queridos en algún lado,
quizá a imagen y semejanza de Dios,
a quien en su todopoderosa majestad
no se le ocurrió otro lugar mejor para hacerse querer,
que en este redondo Llifèn que es la tierra.
En una celebración a lo que es el pensamiento intuitivo
aparentemente irracional,
ese que una vez pensamos que era espontáneo,
sin duda acumulado por siglos de resolver con éxito
cuestiones vitales,
todo se desarrolla bien en este Ascott peluzón y buena onda,
por gracia de la providencia.
Todo parece fruto del azar y de la suerte. Nada organizado.
Sin embargo la providencia cuida al viejo porfiado, “el pata de lana”,
que se pone en medio de la pista a la llegada de los jinetes,
que corren a pie pelado y con espuelas,
y frenan el caballo entre saltos de matas;
el contrario guarda la caja, fija las reglas,
nadie pelea, todos gritan, los mas borrachos puras leseras;
los participantes mas serios que un celebrante
en un antiguo rito muy importante.
El cuidador que preparó el potro desaparece,
y el potro queda solo bajo los árboles;
para correr el jinete no tienen espuelas ni fusta,
las piden prestadas justo antes de la carrera;
el jinete parece contratado de toda la vida,
pero en realidad lo fueron a buscar a las cuatro de la tarde;
estaba esperando afuera del campo,
como quien espera que alguien lo salve.
Pienso, a pesar de leer unas páginas de Pessoa
que explica de modo brillante
que no hay nada que encontrar en un viaje,
que a él no le interesa en absoluto
porque lo que no está dentro de uno para él no existe,
que como somos una parte de la creación,
nuestro ser interior no refleja sino
un punto de vista entre millones,
que en parte se descubren saliendo de uno mismo,
por afecto o simple curiosidad hacia el mundo,
que es mas ancho y diverso que la imaginación mas fértil,
o el espíritu mejor iluminado.

San Agustín dice que “ la creación es un libro,
y el que no viaja solo lee una hoja...”
Te parecerá exagerado todo este cuento,
después de ir solo a las carreras de Llifèn.
No se si es fruto del aislamiento voluntario de la Quinta Chucao
o del recuento anual de cuentos y sorpresas,
o un la mezcla de las cosas que leo.

Coke, el cuidador del Chucao con sus mejores galas,
tan chupado que los pantalones se le caían por delante,
y no por atrás como a los hip-hoperos,
dejando ver la marca Hugo Boss, zapatos de Gorotex,
y una de mis camisas con las iniciales GS en el bolsillo,
(pensará que “GS” es otra marca mas supongo).

Queda después de todo, la inocencia y bondad del mundo rural,
donde tal vez, la agresividad de la naturaleza humana
se gasta en sobrevivir y no haciendo bobadas,
porque casi todos se necesitan unos a otros
para negociar la vida,
que aquí no se puede comprar callado
con una tarjeta en la mano
en una
caja.

Saludos,

German del Sol
Febrero de 2006

3 Comments:

Anonymous Patricio said...

Hola Germán:
Entré en tu blog y me pareció muy bueno, las carreras a la chilena, la entrevista en Nuestro.cl, etc, con el doble valor -en el sentido de lo valioso y del coraje- que siempre uno encuentra en tu visión y tu pensamiento propios, originales y po(i)éticos. Seguiré siendo tu
lector.
Patricio

10:52 a.m.  
Anonymous Jose Manuel Vergara said...

Querido German,
Hay en tu mensaje una libertad que encanta. La palabra "libertad", como sustantivo, es de uso relativamente reciente y principalmente político. En su origen, mucho más interesante, se usaba siempre como verbo: uno "se libraba" o "era librado" de algo o por alguien. Y de "algo" parece que te has librado (estoy yendo a tientas). De lo que sea (¿tal vez, como sugieres, de la falta de cuidado que te has prestado a ti mismo?) felicitaciones. También, por carambola, me evocaste un triunfo que tuve cuando niño: gané en una carrera de caballos a la chilena, en pelo, a pleno campo cercano a Cherquenco, entre varios experimentados competidores. Mi yegua, La Peineta, era chica, gorda y le salían del vientre unos extraños bulbos. Sólo la gente de nuestro fundo, que conocían la velocidad enloquecida con que corría, apostaron por ella. A esto se le sumaba la ventaja de que yo pesaba menos de la mitad que los demás jinetes. Corrí casi bailando en ese lomo rojo y resbaladizo como el de un pez, y gritando como un energúmeno. Fue un triunfo aplastante que hizo ganar harta plata a los trabajadores de nuestro campo. Desgraciadamente, mi padre no quiso que yo me apuntara a más carreras (no era de caballeros, supongo). Pero no se me olvidó más. Aún ocupa, no sé por qué, un lugar desmesurado en mi mundo. Einstein resolvía problemas de física tocando a Mozart al violín...

Jose Manuel Vergara

10:54 a.m.  
Anonymous Anonymous said...

ENTRE BUSCANDO RESPUESTAS , QUE FUERON ENCONTRADAS CON PRESICION. carreras a la chilena son momentos de libertad segundos en que todo se olvida comparto una pasion muy grande po los caballos com mi padre.
Conosco algunos de sus caballos , y he podido ver que en ellos esta quizas dedicadas cada una de sus palabras bueno esperando leer cada dia sus articulos
adios ...
Daniela castillo
Futrono

9:09 a.m.  

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