lunes, 24 de julio de 2006

A Jorge Elton.















Quiero hacer un sencillo recuerdo,
un pequeño homenaje a Jorge Elton
quien supo descubrir y mostrar en su obras
aquello que hay de irrepetible para bien,
en cada momento y lugar de Chile,
y entre sus gentes.

Como dice el poeta Godofredo Iommi,
hay que ser absolutamente moderno.
Y yo entiendo que eso no significa
estar siempre buscando novedades,
sino mas bien volver al principio e intentar
mirar las mismas cosas con nuevos ojos.

Es decir, mirar de nuevo en otro momento,
y descubrir algo nuevo en el mismo lugar.
Descubrir por ejemplo, como Jorge Elton,
que para contemplar la naturaleza exuberante
que rodea el plano azul vacío del lago Villarrica,
dominado por gigantescos volcanes y nevados,
hay que crear un suelo propio desde donde mirar:
una losa plana continua separada del suelo,
como enseñó Le Corbusier,
un verdadero maestro,
-porque en chile, viene un maestro,
puede significar que llegó el gasfiter
o el electricista-
y este plano que se levanta
y se despliega en una dirección
como siguiendo el curso de una flecha,
es la única, quizá la mejor certeza
que puede ofrecer la arquitectura
para salir de uno mismo,
y contemplar embelezados como niños
todo lo que no conocemos:
el mas allá inesperado que es la naturaleza...

Al hotel Antumal en Pucón
se entra pegado al suelo de roca,
y se sale volando por la losa hacia el lago.
Se suma así la tradición mapuche,
con la arquitectura moderna.
Porque ser moderno es también entender
como San Agustín, que sólo hay
un tiempo que contiene todo aquello
que esta presente ahora.

Y Jorge Elton entiende que para abrir el espacio,
hacia el mas allá desconocido que es la naturaleza,
es necesaria una interioridad que retenga
por ejemplo, con la textura y el color
de la corteza de unos troncos de araucarias,
o con losas planas de hormigón
que contienen el interior entre el piso y el cielo
para que no se escape por los enormes huecos,
que abre para estar también afuera.

Ser moderno, es tal vez ser capaz de relacionar
lo que no tiene aparente relación,
porque quizá las personas y las cosas
solo se conocen en relación unas con otras.

No podríamos ni siquiera imaginar,
la riqueza inagotable de la naturaleza
que es un derroche de formas, de vida,
si hombres y mujeres no hubieran descubierto
en la línea recta y el plano, una certeza relativa,
latente en el bloque brutal que parece la naturaleza.

Jorge Elton es un arquitecto primitivo
porque entiende los deseos comunes de todos,
y al mismo tiempo, un arquitecto moderno,
porque entiende que hay que volver a construir
casi con las propias manos:
muchas veces llevó sus casas prefabricadas
hasta la obra para armarlas
en un carro arrastrado por su camioneta.

Y sus casas son tal vez, las únicas que conozco
que grandes o pequeñas,
siempre tienen la dignidad de un palacio,
como también exigía Le Corbusier,
tal vez para mostrarle a cada uno en su casa,
algo del esplendor que tiene su vida tal como es.

Jorge Elton goza con todo lo que hay,
y de esa mezcla donde las cosas no se distinguen,
como ocurre antes del alba,
va separando unas cosas de las otras,
y por oposición va haciéndolas aparecer.

Y aunque todo esto no sirva a nadie de consuelo,
sometidos a la majestad de su muerte,
creo que hay que elogiar la obra de Jorge Elton,
y recibir con modestia su herencia generosa.

German del Sol
Julio 2004

2 Comments:

Anonymous EAST SIDE MAGAZINE said...

German

en un día frenético, de una vida frenética, bien vale hacer un alto y tomarse el tiempo para reflexionar a partir de tus palabras y recordar lo que gracias a esa vida frenética olvidamos pero que afortunadamente todavía está ahí,en nuestro inconciente, bien conciente.
Gracias por palabras que reconfortan el alma.
Astrid

1:08 p.m.  
Anonymous Alejandro Guerrero said...

Conocí a Germán del Sol y a Jorge Elton, por algunos amigos chilenos cuando viví en Barcelona. Cuando uno vive en un lugar que no es el suyo, se adquiere intensidad; se vive con intensidad porque pareciera que los momentos se deben exprimir para obtener el máximo "provecho". Con esa estela de intensidad regresé a México y me paré, como hicieron Jorge y Germán, frente a un lago. Aquel que se formó llenando con agua el cráter de un volcán. Y vi que en aquel espectáculo apacible y silencioso la arquitectura se ordenaba, recreando el lugar.

8:07 a.m.  

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