jueves, 9 de septiembre de 2010

Algunas Cosas Que Me Enseñaron y Me Sirven.





















Queridos amigos artistas y arquitectos,

Les agradezco mucho la paciencia de leer mis cartas.

Sé que es más difícil leer que escribir.
Y sobre todo encontrar algún aporte
entre las ideas que voy a resumir.

No vengo a escribir sobre mis obras,
sino de aquello que me enseñaron,
y que me ha servido para hacerlas.



















Creo, que me enseñaron
a pensar en abstracto de una manera ordenada,
más que transmitirme las destrezas u oficios,
que uno aprende y perfecciona con la práctica.

A pensar, y también a hacer caso a los sentimientos,
para comprender lo que en cada momento nos pide la vida.
Y para responder a los cambios,
con las certezas relativas de la arquitectura,
como son el plano horizontal de una plaza,
o la línea recta de un muro.



















Tal vez, una característica de la condición humana
es que somos enseñados por otros,
que a su vez han sido enseñados por otros.

Pero también, que somos enseñados sin querer.
Cuando uno es joven quiere aprender fácilmente,
porque uno no se da cuenta de que sólo se conoce
aquello que opone resistencia.

Tal vez, solo pasando bastante calor
se conoce el frescor del agua
o el de una buena sombra,
pasando hambre y frío,
se conoce el sabor del pan
y la protección de un buen abrigo,
sintiendo soledad,
uno se conoce a sí mismo,
y puede reconocer al amor
cuando se presenta,
porque como dice Godofredo Iommi,
...."Para recibir un regalo
uno tiene que estar con las manos vacías"....

El amor y la inteligencia son la resistencia,
que la vida pone a la indiferencia.
























Tal vez, sólo dibujando y dibujando,
muchas horas sin parar,
probando y probando soluciones favorables
orientadas a cumplir el sentido de la obra,
sin temor a equivocarse,
pero sin apegarse tampoco a antiguos aciertos,
solo así uno vence la inercia de la hoja en blanco,
e inicia el camino que es el proyecto.

Todo lo que pasa después,
son las consecuencias de empezar errando,
para luego corregir y corregir
hasta lograr reunir ideas sueltas
y formar un todo que es la obra que proyecta,
como quien rodea pacientemente sus animales,
y los lleva después echando polvo hasta el corral.
























Quizá, los poetas que he leído,
y que yo siento que son mis amigos,
me enseñaron a estar abierto a trabajar,
con todo lo bueno que haya disponible.
Sin echar nunca de menos lo que falta.

Y a ver oportunidades,
donde otros ven obstáculos.
…“Tomaré agua si me ofrecen agua,
Tomaré vino, si me ofrecen vino”…,
dice el poeta chileno Jorge Teillier.



























Tal vez no fue la escuela sino mi abuela,
como le llamo no sólo a mi abuela
sino a lo que me queda rondando,
de lo que dicen las personas que conozco,
los libros que leí,
o las ciudades como Santiago, Barcelona o Palo Alto
en las que viví.
Las que me expusieron un poco a la belleza,
de las personas y las cosas tal como son.
Y me mostraron también, que si uno las mira con afecto,
las ve no sólo como son, sino también como no son.

La belleza de Barcelona o Nueva York,
aparece en el afecto de sus habitantes.



























A mirar se aprende, mirando.
Pero primero alguien tiene que enseñarnos
el nombre preciso de los hechos y las cosas,
que las separa unas de otras y las saca
del conjunto inefable que es la ignorancia.

Mirando los objetos de la cultura material,
las costumbres y los ritos
de casi todos los pueblos que conozco,
aprendí que el hombre y la mujer buscan un más allá,
que trascienda el puro sobrevivir.

Tradición no es sólo cuidar los objetos
y los ritos de nuestros pueblos,
sino cuidar de que se hagan ahora
con el mismo el fervor de antes.

Tradición es cuidar el espíritu con que están hechas,
y no la pura apariencia de las cosas.

En Chile es tradición hacer mucho con poco
con más ingenio que medios.
Ese diría yo, es el espíritu de la arquitectura
sostenible, verde, o ecológica.

Es nuestra tradición negociar y adaptarnos
para sobrevivir a los cambios,
lo que ahora llaman resiliencia
de una manera tan poco poética,
y que antes llamábamos coraje o aplomo;
o no contentarse nunca con el mínimo,
y buscar siempre algo más
que lo indispensable para sobrevivir,
que revele la dignidad de la existencia.


























La tradición nos enseña,
que el arte transforma el barro que recibe
en oro que da.

La cultura americana hace soñar por ejemplo
-y aunque uno no llegue nunca a serlo-
con tejedores que siempre aciertan el color de la hilada,
con alfareros que celebran la vida en cada pieza que hacen;
con hortelanos que se distribuyen sin pelear el agua,
con las manos pacientes de artesanos,
con albañiles de paredes arrugadas
que reciben el polvo como un regalo,
o con constructores de penumbras donde la vista descansa,
entre sombras luminosas y vibrantes;
con poner bancos asoleados en el patio para el frío del invierno,
o construir plazas vacías separadas por muros temblorosos de barro,
del resto de las cosas, naturales e inertes.



























Rafael Moneo,uno de los mejores maestros,
nos dijo una vez, que no hay nada que inventar,
que en arquitectura todo está inventado.
Tal vez, así aprendimos a no buscar la permanente innovación,
sino a volver atrás a los orígenes tanto como se pueda,
para hacer las cosas de nuevo un poco mejor.

Aprendimos a no ser creadores,
sino descubridores de un arte
que está oculto u olvidado,
en la cultura de cada lugar
que se podría llamar el país,
y en su relación con la naturaleza,
conjunto al que llamaría, "paisaje".

Y que de buenas a primeras no se ve,
porque la buena arquitectura es invisible,
no está en la forma, sino en el contenido,
que sugiere lo que no vemos ni podemos nombrar,
las cosas queridas u olvidadas,
los sueños posibles e imposibles,
las cosas imaginadas o temidas.
Es el lugar al que miramos con esperanza
cuando estamos distraídos o apenados.

Sugerencias que pueden llenar el cubo vacío,
que refleja la existencia actual.

Hacer que allí aparezcan,
el misterio que existe y que no se ve,
las cosas importantes de la vida, por ejemplo,
el silencio no interrumpido,
el canto de pájaros al amanecer,
un ambiente dedicado al trabajo,
a la oración recogida;
el frío de una sombra,
los pasos, o la voz,
de las personas que uno quiere...



























Después de aprender a maravillarse con estas cosas,
uno puede tratar de hacer lo mismo de nuevo, y de otro modo.

Verá gracia en la forma imprecisa de las construcciones precarias.
Y tal vez, entenderá que todo lo que parece frágil e inconcluso,
esta abierto y llena de potencial para ser fecundado
por lo que la vida trae con el tiempo, y los cambios.

Podríamos haber recibido un mundo urbanizado,
con calles plazas y casas.
Pero el creador dejó su obra inconclusa,
para que los hombres y mujeres la termináramos entre todos.
Para que cultiváramos la tierra,
que es lo más propio de la condición humana.

La arquitectura es cultural porque cultiva,
es decir transforma la naturaleza,
que no tiene un fin en si misma,
como creen algunos fundamentalistas de la ecología,
en un lugar fecundo para vivir.

Paraíso, en griego significa, jardín plantado.






















Quizá, la arquitectura no requiere que todo sea bueno.
Me enseñaron a darle a cada obra un privilegio.
A jugarme en lo que en cada caso importa más,
y a confiar en que los demás harán el resto.

Aprendí también, que la arquitectura
no debe confundir nunca lo importante con lo urgente:
es urgente hacer casas,
pero lo importante es que para cada uno,
su casa sea un palacio de esperanzas.

La buena arquitectura que no cuesta más dinero,
aporta la belleza que humaniza las cosas,
y despierta en nosotros el más allá invisible
de las esperanzas y los sueños.

Para vivir no se necesita solo un resguardo
de la lluvia, el barro, el frío,
sino también la gracia
que da vida a los materiales y las cosas inertes.
Todos buscamos trascender aunque sea modestamente,
la dura tarea de sobrevivir.

La belleza no es decorativa ni glamorosa,
sino una sintonía o complicidad
que muestra el lado bueno de las personas y las cosas.
La belleza es tan necesaria como el pan para vivir
porque es un destello de la creación
de la que todos somos parte;
nos enseña a vivir mejor la vida,
y conmueve el corazón
del salvaje que todos llevamos dentro.























He contado estas experiencias,
para saber si Uds. sienten lo mismo,
porque yo no estoy muy seguro de nada,
y por eso me juego entre luces y sombras,
pero con esperanza,
y mi mejor momento es el alba,
cuando la vida late esperando la luz,
y esta todo por verse,

Muchas gracias,
Y que Dios los bendiga.

Germán del Sol
Arquitecto
10 de Septiembre de 2010

2 Comments:

Anonymous Sergio Meza C. said...

Esto tiene la intensidad, espíritu y potencia propias de un manifiesto.

Saludos cordiales, dese mis propios afanes.

12:56 p.m.  
Anonymous Anónimo said...

Muchas gracias por tus cartas, por hablar de lo que has aprendido.
Te habla una joven estudiante que en reiteradas veces fracasa por la inseguridad (lo peor en esta área, lo se)sin querer abandonar lo que le apasiona. Tus sabias palabras han sido una gran enseñanza y motivación para generar un gran cambio y continuar. Muchas gracias.

9:41 p.m.  

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