martes, 23 de marzo de 2010

Un Plan Entre Otros. Ante La Adversidad, Casas.



Las olas que devastaron el litoral central de Chile, además de llevarse a muchos de sus habitantes, se llevaron pueblos enteros con sus iglesias, gimnasios, casas, policlínicos, escuelas, comisarias, y plazas. Eran lugares fecundos para la vida de la gente que depende o disfruta del mar, pero esa misma cercanía los dejó expuestos a los maremotos que en Chile no son tan frecuentes como destructivos.

El mar recuperó así de un modo trágico los terrenos más bajos, abriendo a los ojos de algunos arquitectos como yo, la oportunidad única e inesperada de darle un enorme valor a esta costa dejándola vacía de construcciones, para convertirla en un parque nacional del litoral de más de mil kilómetros de largo. Una obra contemporánea que tal vez pudiera hacer de la adversidad una oportunidad para empezar a recuperar la naturaleza de la costa y el ambiente cultural de los pueblos costeros. Y si se hace un buen proyecto y se lo sostiene en el tiempo, de puede abrir un nuevo destino de viajes de interés mundial. Para el bien de todos.

Y digo que volver a trazar los caminos y los pueblos, es una oportunidad única, porque los caminos a orillas del mar, son un incentivo perverso para que en su alrededor se construyan poco a poco pueblos y ciudades cuyo tráfico y polución destruyen la misma costa que se quiere disfrutar para el ocio o destinar a actividades productivas de bajo impacto. Esto pasa en casi toda la costa central de Chile excepto por ejemplo en Cartagena y Zapallar, donde un buen plan dejó el camino y las calles detrás, y en primer plano una vereda para caminar que salvó la orilla del mar, la caleta de pescadores, restaurantes, etc. Son proyectos tan sencillos como escasos.

El camino a orillas de mar es una barrera que a medida que se ensancha se hace cada vez más difícil de cruzar. Y los pueblos y ciudades en los planos que se forman en la orilla misma del mar, están expuestos a que cualquier maremoto se los lleve, aunque funcionen las alertas.

La gente en su dolor y en su desgracia siente con valor y con razón que lo importante es estar vivos. Pero para vivir todos necesitamos una casa donde se refleje el esplendor que tiene la vida humana de cada uno. Tal vez por eso, no podemos confundir ahora lo que es urgente con lo que es importante. Es urgente que las miles de personas que perdieron sus casas tengan un techo donde guarecerse. Pero lo que es importante es que se haga un plan maestro del litoral que ayude a darle sentido a su paciencia y a su esfuerzo, las hagan soñar con un futuro que valga la pena, y las involucren en un plan cuyo cumplimiento sea mejor para ellas aunque les cueste trabajo, que ver su actual miseria proyectada en un campamento de mediaguas del que saben que les va a costar mucho salir porque lo han vivido o lo han visto.

No podemos crear campamentos si nos habíamos comprometimos a erradicarlos.

Por eso me atrevo a proponer que el estado y los privados cada uno en lo suyo, compren, urbanicen y vendan con subsidios y créditos blandos, terrenos de 1.000 m2 urbanizados cada uno con un baño y una cocina funcionando, situados en la parte alta de los pueblos costeros a más 20 metros sobre el nivel del mar, unidos por un camino pavimentado. Y un paquete de materiales y herramientas para que cada uno haga su casa, solo, con su familia o en mingas con los vecinos. Se trata de hacerlas de una vez por todas, usando la prefabricación industrial que es la única que está a la escala de la necesidad.

Estos terrenos altos con frente al mar y al parque natural que correría a lo largo de la costa central, desde el principio tendrían valor económico porque formarían parte de un plan maestro de pueblos con abundante terreno para equipamiento, pendiente favorable para el escurrimiento de aguas servidas y de lluvias, plantas de tratamiento de aguas servidas lejos de la orilla, altura adecuada para la generación de energía eólica, y protección de maremotos, etc.
Y parte de ellos se podrían vender para financiar el resto.

Mientras tanto se lleva adelante este plan, y para que la gente no quede expuesta a la lluvia y al frío, y evitar al mismo tiempo la instalación de mediaguas que se irán haciendo definitivas, sin un plan y sobre los mismos pueblos destruidos, y repetir así los errores cometidos en Tocopilla después del terremoto, propongo hacer campamentos de emergencia en los cerros con mediaguas y tiendas de campaña con sus baños, organizados para vivir el tiempo necesario hasta que los nuevos terrenos estén urbanizados y disponibles.

Se me ocurre que estos terrenos se podrían comprar por ejemplo, con el producto de una licitación internacional de una parte mínima del extenso territorio propiedad del estado y que no es parte esencial del sistema de parques nacionales, y que se preste para la conservación, la venta de bonos de carbono, etc.

Entiendo que presentar una proposición de esta escala es exponerse a parecer cándido. No soy ingenuo, y expongo mis ideas porque a veces algo queda de ellas. Si uno cree que tiene una buena idea tiene que resumirla en pocas palabras. Esta proposición es corta. Que sirva para algo, ya no depende de mí, sino de que sea valiosa para la gente.

Germán del Sol
Marzo de 2010