
Estimado Germán.
Te agradezco mucho tu respuesta pronta y motivante.
Solo me voy a referir a una parte de ella,
para estar a la altura de lo enviado.
Se pueden hacer muchas cosas. Que importa.
Pero, ¿cómo saber lo que uno debe hacer?
No estoy seguro si fue el verano de 1982 o 1983,
pero si era en San Francisco, cerca del puente Golden Gate,
que era el lugar donde yo solía ir las tardes
para ver a los barcos y yates navegar por la bahía,
ver la puesta del sol, recordar a mi amado Algarrobo
que se encontraba unos 10.000 kilómetros hacia el sur,
sanar mis heridas que la distancia
y la soledad de Chile me provocaba.
También acudía a ese lugar para pensar
y hacer los planes que todo niño de apenas 17 años
puede hacer sobre el futuro,
a llorar mientras nadie me podía ver,
así de llanto físico como el del alma,
a dibujar lo que desde por ese lado se podía ver,
jugaba a que podía tomar fotografías
de cuanta cosa pasaba a mi alrededor,
las personas, los botes, las flores, el sol,
el puente y todo cuanto podía estar a mi alcance,
solo para guardarlas en mi memoria,
y guardarlas de tal manera
que el tiempo no las pudiera decolorar,
que no se marchitaran en el recuerdo.
Claro solo podía ir a la tienda de fotografía local de B & H,
con mis habituales 25 centavos en los bolsillos
que guardaba junto a un papel
con el teléfono de mi tutor de la universidad
por si tuviera alguna emergencia
en la que no me quedara otra salida
más que buscar un teléfono público
y hacer la única llamada posible
con los únicos 25 centavos disponibles,
mirar las vitrinas y de cuando en cuando
armarme de valor y un buen discurso
para que me dejaran tocar las cámaras fotográficas.
Fue una época de mucho sacrificio,
de amplia soledad,
de estar lejos de mi casa de mis padres,
pero a la larga valió mucho la pena.
En esos años y bajo el puente Golden Gate
un buen día me imagine mi futuro,
que haría del resto de mis días,
cuál sería el motor que impulsaría la vida,
el que hacer, lo que vertebraría la existencia.
La vista desde ese lugar,
la inmensidad del paisaje
quizás fueron la parte que mas me ayudo
a ver con claridad que no tenía que imaginar nada,
que ya estaba en mi,
que no importaba lo que se tuviera que hacer seria arquitecto,
que esa sería la actividad que haría que mi vida tuviera sentido,
que me haría un buen padre, un buen amigo,
un buen ser humano.
A la pregunta, creo y desde mi rincón,
desde la esquina de mi praxis de vida,
en el caso tuyo y mío solo hay que ser arquitecto,
vivir como tal y hacer la vida como tal.
Si miras hacia atrás la vida,
seguro que puedes descubrir
que ya lo venias haciendo desde hace muchos años.
En lo personal me encantaría poder estar a la altura
de los encargos de mis jefes, clientes y de la vida,
para de esa forma dejar un pequeño legado a mi hijo
del cual pueda sentir un sano orgullo.
Nuevamente gracias por tu respuesta,
espero haber estado a tu altura
y espero que nuestros caminos se crucen
lo antes que sea posible.
I.
Estimado I.,
Es bien extraordinario que alguien sintonice
con sus sentimientos más profundos, y sea
capaz de expresarlos sin exagerar como tu
lo has hecho, dejando como Bach que sea
la música misma ejecutada
con el alma bien temperada
la que exprese la emoción sin exagerarla.
Un millón de gracias es menos que un "gracias".
Creo que es un aporte, decir lo que sentimos....
Un abrazo
Germán
Germán….
Desde el momento en que fuiste el depositario de mi respuesta
tienes el derecho de hacer con ella lo que más te parezca,
del significado antiguo de la palabra parecer.
Te pido que omitas mis apellidos, (como mínimo)
solo por un pudor que suele ser más grande que yo,
me siento más cómodo desde el anonimato,
para que en realidad sea cierto eso que me enseñaron
que lo que se dice es un regalo
y que como tal debe ser vestido
de lo mejor que el alcance de cada cual pueda dar.
Como decía mi madre, en sus horas de lucidez,
“la vida siempre te va a dar la oportunidad de hacer regalos materiales,
pero no te pierdas las oportunidades de regalarte a ti mismo”,
prefiero pensar que también me decía
que lo hiciera sin ser arrogante y desde lo anónimo.
Mi premio son tus consejos
y el tiempo que has gastado
en un perfecto desconocido,
aunque colega, un desconocido.
I.,
Dice el teólogo y poeta argentino J. Mujica
que en esta época
no se nos juega la supervivencia,
sino el seguir siendo humanos.
Tal vez por eso, la gratuidad del arte o de la poesía,
son más importantes que nunca.
Porque nos recuerdan que la vida humana
es un regalo gratuito,
de quien sea que sea el Creador.
Cuenta Herman Hess en "El Arte del Ocio",
que un día en que no tenía nada especial que hacer,
-porque una tormenta lo retuvo en un pueblo
a orillas del lago de Ginebra- se encontró con el cura
y lo acompañó a enterrar a un desconocido,
que no tenía a nadie más.....
Y que ese acto gratuito, le dio sentido a esos días.
Germán
Mayo 2009