miércoles, 23 de junio de 2010

Los Edificios Altos con Sello Verde.































Cuales son los mejores edificios altos del sur de América?
Ninguno, creo yo.

Tal vez, en las ciudades de América al sur del río Grande,
no tiene sentido hacer edificios de más de 5 o 6 pisos.

Quizá, no sea necesario hacer aquí edificios altos,
porque la escasez de suelo que los podría justificar,
está creada artificialmente por la especulación
que facilita la política de fijar unos límites urbanos,
que se corren poco a poco para abarcar más suelo.

Tal vez, tampoco sea necesario aqui
hacer edificios altos para abaratar
el costo proporcional de infraestructura de la ciudad,
que no es necesariamente más alto en barrios de baja densidad
que en barrios de alta densidad, como lo demuestra Sanhattan.

















Tal vez, una de las mayores riquezas que nos negamos a usar,
es la abundancia de suelo apto para construir,
para esa mayoría que prefiere si puede elegir,
vivir en casas y barrios más dispersos por gusto,
y no porque no deseen una vida urbana.

Porque lo que hace que los barrios de una ciudad
sean urbanos, o sea más amables y tolerantes
para acoger la diversidad propia de la vida en la ciudad,
no es el urbanismo ni la arquitectura,
sino la urbanidad de las personas:
su educación o preparación,
para vivir bien en la proximidad de los otros.

Son sus habitantes los que hacen que una ciudad sea urbana,
y no la forma ni la densidad de la ciudad.
Incluso hay barrios más altos y más densos
que son menos urbanos que otros
más bajos y mas dispersos.

Y vuelvo a repetir el ejemplo de Sanhattan.


















Quizá la arquitectura es ecológica,
cuando no se limita a construir,
sino que abre en su ambiente natural y cultural
un vacío que sea fecundo para cada cual,
porque se llena
con lo que cada uno lleva consigo.

Para nosotros el paisaje es el país.
Una relación cultural entre las personas
y su entorno natural.
No es pura naturaleza como creen algunos,
aunque sea con las mejores intenciones
de conservarla.

Tal como en un pic-nic uno come lo que lleva,
en el paisaje que lo rodea cada uno ve
lo que lleva consigo.

Quién no distingue un árbol de otro,
solo verá del bosque su masa verde.

Quizá, la arquitectura de la América Latina
es de por sí ecológica,
porque trabaja sacándole partido con gracia,
a recursos que son casi siempre escasos.

Tal vez, la arquitectura solo es ecológica,
si hace bien lo que es importante,
para cumplir bien su función,
y no pierde energía inútilmente en alardes.

Tal vez por eso, la arquitectura ecológica puede mostrar,
que la belleza es el mayor de los lujos,
y no cuesta plata.
Sólo requiere que se trabaje con cuidado.
Y de esos cuidados gratuitos que prestamos a las cosas,
nacen la belleza y la gracia
que nos son tan caras o queridas.

Es ecológico construir menos y ofrecer más.
Hacer que lo importante aparezca como un privilegio.
Y que lo que no es importante desaparezca.

Que la uno se detenga
a gozar de ese silencio sugerente,
que llena el vacío creado por la arquitectura,
con las cosas que le importan.

Sin los estímulos que lo distraen en la ciudad.

Que uno disfrute de la cultura de la gente
que ha vivido feliz en los lugares más duros,
con más ingenio que medios.

En Chile el rascacielos más alto es la torre Titanium.
Y consiguió un sello verde como si fuera ecológica.
¿Que puede tener de ecológico un rascacielos
que resulta innecesario en un país
donde sobra y nos gusta el suelo?

Saludos,

Germán

viernes, 18 de junio de 2010

Que La Izquierda No Sepa Lo Que Hace La Derecha.







Hola german,
Con respecto a lo que me escribiste en el mail,
concuerdo plenamente contigo,
Lo que hace una mano no debe saberlo la otra.
Incluso me acorde de ti porque en misa el otro dia (miercoles)
el evangelio fue justo ese.

Leyendo algunas Cartas al Director de El Mercurio, extraigo:
" La vanidad y autosuficiencia son peligrosas:
No hay que presumir de haber terminado con los campamentos en Chile,
como hizo el buen samaritano..."







Con respecto a la Iglesia de Chepica,
las obras de arquitectura están hechas
para que la gente de una localidad
vea el esplendor de sus vidas,
que entre otras cuida sus tradiciones,
que consisten en cuidar
de seguir haciendo sus obras con cuidado.

Me extraña que una obra asi no sea reconocida.
Me intriga el hecho de que no sea advertida
su relevancia si en un blog de arquitectura
donde simples estudiantes escriben opiniones
se haya formado un debate interesante acerca
de como deberiamos reconstruir chile.

Voto por la participacion ciudadana
en la eleccion de lo que importa
y nos deberia presentarnos a nosotros mismos,
tal como somos,
o mejor dicho,
mejor de lo que somos

Estaba leyendo a Octavio Paz
y acordandome de nuestra charla por mail:

"Poco a poco tire por la ventana
la mayoria de mis creencias y dogmas artisticos.
Me di cuenta de que la modernidad no es la novedad
y que para ser realmente moderno,
tenia que regresar al comienzo."

Segui leyendo y encontré una cita
sobre lo artesanal y lo industrial,
y me puse a pensar donde quedaba Chépica,
tal vez la obra es considerada algo artesanal
fuera de las pautas dictadas por la modernidad:

"El ideal del diseño es la invisibilidad:
los objetos funcionales
son tanto mas hermosos cuanto menos visibles"







Curiosa transposición de los cuentos de hadas
y de las leyendas árabes
a un mundo gobernado por la ciencia
y las nociones de utilidad y maximo rendimiento:
el diseñador sueña con objetos
que sean servidores intangibles.
Lo contrario de la artesania,
que es una presencia fisica
que nos entra por los sentidos
y en la que se quebranta continuamente e
l principio de la utilidad
en beneficio de la tradicion,
la fantasia y aun el capricho."

(Y yo diría la belleza de su esfuerzo gratuito).

Trasladando el ejemplo a la arquitectura
(en donde los ordenes son distintos a los del diseño,)
y radicalizándola,
Es mas hermosa la arquitectura
mientras mas funcional y mas invisible es?







Si es así, claramente el rojo no ayuda.
Por otro lado si es una obra artesanal evoca sentidos,
y cuando veo la maqueta incluso asi de roja me imagino
a un par de monjas caminando por el patio interior o a uno
cruzando y admirando que en Chépica hallamos construido
algo que pareciera hubiera estado siempre ahi.

De renunciar a algo
prefiero que tu obra no salga escogida en ningun lado,
prefiero que sea algo "artesanal",
que traiga a la superficie los sentidos...
...Y a esas monjas caminando tranquilas
por el patio en medio de unos arboles.....

"...El placer que nos da la artesania
brota de una doble transgresion:
al culto a la utilidad
y a la religion del arte...
Nuestra relacion con el objeto industrial es funcional;
con la obra de arte semirreligiosa;
con la artesania, corporal..."


un abrazo Pablo

jueves, 17 de junio de 2010

La Iglesia en Chépica.




Hola Pablo,

Me gusta lo que dices,
tu cuento es bueno
incluso si fuera cierto.
La Iglesia en Chépica ha puesto nerviosas
a muchas personas valiosas que con buena fe
piensan que seguir la tradición
es usar el sombrero del abuelo,
y no comprarse uno nuevo
como hacía el.

Nuestro proyecto de la Iglesia de Chépica
no estará en la exposicion que habrá en la próxima Bienal
dedicada a la reconstrucción,
porque segun dijeron dos miembros del jurado
no aporta nada.

Me parece que lo primero que aporta es esperanza.
porque tres meses y medio después del terremoto,
hay un grupo de gente de la comunidad de Chépica organizada,
juntado fondos para este y otros proyectos de recsntrucción,
y tenemos el proyecto de la iglesia listo para cálculo
con el apoyo del cura párroco don Luis Piña,
y del Obispo, que han sido claros y decididos al respecto.

La caja de madera del principito de la que hablas,
contiene todo lo que uno imagina
y que está en potencia:
porque está cerrada excepto
por unos agujeros pequeños
que dejan mirar como a través
de la cerradura de una puerta.

La Caja de madera transparentes
se agotadan de un vistazo,
y a mi gusto hacen la vida imposible
para alguién que no tiene intimidad ninguna,
que vive en un escaparate,
una vitrina de tienda que sirve para mostrar y mostrarse
como algo bueno y deseable,
peor si es la caridad
que solo vale cuando
la mano izquierda no supo
lo que hizo la derecha.

¿y tu que opinas?

un abrazo

German

lunes, 7 de junio de 2010

La Arquitectura Es Dar Casas, Calles y Plazas.




Proyecto Iglesia de Chépica, Germán del Sol, Junio 2010


























Estimado Patricio,

Gracias por tu carta tan simpática.
La arquitectura es dar casas, calles y plazas
para que la vida humana
encuentre su plenitud en cada cultura,
que es lo mismo que decir en cada ciudad.
Porque la cultura actual es la ciudad.

El paisaje es lo que cada uno lleva consigo,
cuando va mas allá de la ciudad,
que es el mundo calculado y medido
aparentemente tan favorable a la vida humana,
cuya condición sin embargo es,
no saber mucho de nada.

Toda obra de arquitectura que se precie de tal,
colabora a esa capacidad de acercarse
al esplendor de la condición humana,
que no se encuentra en los muros construido
sino en el vacío que se abre entre los muros,
y que la arquitectura debe llenar de sugerencias
que sean fecundas para cada uno,
sugerencias que le reflejan a cada cual,
el esplendor que tiene su vida
a pesar de todas sus miserias......

Todas las obras en ese sentido son casas, o no son nada.
Todas las obras o son sociales
o son antisociales y no son arquitectura,sino otra cosa.

Un abrazo,

Germán

Echamos de Menos Que Haga Casas.



Proyecto Iglesia de Chépica, Germán del Sol, Junio 2010



Proyecto Iglesia de Chépica, Germán del Sol, Junio 2010




Le escribo para saludarlo y saber de ud.,
porque lo sigo como persona y arquitecto desde el año 2006,
cuando vino a dar una charla a la U. Autonóma de Temuco.
No se si recuerda.

Mi nombre es Patricio, arquitecto de esa escuela,
y por esos años le escribia,
y Ud. con la sensillez y generosidad de un genio, me respondía.

A través de las cartas de su blog lo leo cada 15 dias, más o menos,
sobre todo cuando la vida y el trabajo se vuelven un poco rutinarios.
Allí en su cartas hay una energía suficiente para devolver el alma
y la alegría al cuerpo y al oficio de uno. Créalo. En su página,
la información no está muy actualizada,
por eso me preguntaba que sería de su obra.

Afortunadamente estoy terminando un magister en la U de Chile,
se llama Mg. en Habitat Residencial.

Allí se sostiene que el habitat residencial es el lugar (fisico y social)
donde las personas habitamos,
creamos nuestras relaciones sociales,
desarrollamos nuestra cultura,
mantenemos sentimientos de pertenencia
y nos apropiamos del espacio,
individual y colectivamente.

Fundamentalmente el Habitat Residencial posee 3 dimensiones:
Paisaje Natural y Construido,
Socio-Cultural y Politico-Economica.

Sus cartas tratan ejemplarmente
lo que ocurre en la dimensión social y cultural,
su obra refleja un equilibrio entre el paisaje natural
y construido, absolutamente todas.

Para hablar de la dimensión politico-economica no sé,
me quedo un poco corto. A muchos nos gustaría verlo
haciendo viviendas sociales de calidad,
planes de reconstrucción para las zonas afectadas por el terremoto,
proyectos de ese tipo,
que entregen la calidad de vida que ofrece su obra a muchas personas... (
sería un sueño ver algo asi para muchos de nosotros,
pero también entiendo que esos proyectos implican una gestión urbana,
o del Habitat Residencial,
que como arquitectos no realizamos mucho,
ya que no nos metemos mucho en politica y en la economía,
que es donde están los actores que toman esas decisiones.
Ese tipo de proyectos parece depender mucho de voluntades politicas,
uno debería meterse más en eso,
creo tenemos la capacidad, la voluntad, las ganas
y la moral para hacerlo.

Harta energía y exito, que siempre lo seguiremos.

Ahora en Temuco hay niebla y esta lloviendo, saludos desde acá.

Patricio

viernes, 28 de mayo de 2010

La Ética Detrás Del Oficio.














Matias y Germán del Sol Stuven





La ética detrás del oficio

En relación al texto de Rafael Moneo sobre Álvaro Siza - Vieira,
me propongo analizar las cuestiones principales
en torno a las que gira su idea de la arquitectura.

Considerando que Moneo comienza dando algunas pinceladas
sobre lo que caracteriza al arquitecto portugués,
para luego aplicar sus parámetros
en un minucioso análisis de algunas de sus obras,
me parece que lo importante en este ensayo
es destacar aquellos aspectos
que hicieron de Siza un artista singular,
y creo que esto requiere, antes que nada,
comprender la ética en la que se fundamenta su oficio.

Si tomamos en cuenta algunas de las enseñanzas de Sartre,
en “El existencialismo es un humanismo”
entenderemos que él le otorga la responsabilidad al individuo.
Pero no a un individuo aislado,
sino a un individuo que forma parte de un cuerpo social
y que, por lo mismo - dicho en simple -,
debe sopesar sus actos conforme a cómo sería el mundo
si todos actuaran como él.
Quiero decir, ya no es el revolucionario
que intenta que las masas cambien de parecer
o adhieran a determinadas doctrinas,
sino que es el hombre,
en la intimidad de sus decisiones,
el que cambia el mundo y fija el ejemplo a seguir.

En el contexto del movimiento moderno,
donde quizás el ego del artista
ha sido profundamente sobrevalorado,
adquiere aún más valor la presencia
de un personaje como Álvaro Siza,
fiel cuidador de una ética
en la que hacer las cosas enseña a hacerlas.

En mayor o menor medida, todos somos testigos
de la proliferación de arquitecturas meramente estéticas,
en las que parece que el arquitecto quisiera gritarle al transeúnte:
“Yo construí esto, Mírame”
Proyectos pensados para la fachada,
o la foto de publicación.
Sin embargo, Moneo dice sobre Siza que “él no actúa,
simplemente desvela aquello con lo que nos sorprende”

Entiendo de lo anterior,
que el arquitecto no está para imponer maneras de habitar,
o de moverse. Ante la pregunta de cómo trabaja,
Siza contesta que primero busca,
y luego reconoce la realidad,
siempre atento, al lugar, a la gente, a los materiales.
Por lo mismo, resulta que su labor
no es - obviamente - la de Dios, que crea,
en todo el sentido de la palabra,
sino la del poeta,
que recoge lo existente
y le da una nueva mirada.

La osadía de su trabajo consiste en detenerse,
en comprender lo que ocurre en el lugar;
cómo se mueven las personas, cuáles son su necesidades.

Su maestría reside en ser capaz
de vislumbrar lo que ya ocurre,
y darle un lugar propicio.

Es por esto que no cabe aquí el ególatra moderno,
ya que cuando este propósito se cumple,
el artista desaparece.

También dice Siza,
que “un lugar es por lo que es y por aquello que quiere ser”
y luego “No pongo a prueba la madera de la nave en el mar,
los excesos la destruirían. Estudio las corrientes, los remolinos”

De ahí que no tenga mucho sentido exigirle al espacio
que sea, desde cero, lo que el arquitecto quiere.

El objetivo será apropiarse de lo que ya existe,
y permitirle que se transforme en lo que quiere ser.
A través de su mayor o menor sintonía con el hombre,
el arquitecto intentará que lo que ya está presente,
adquiera su máximo esplendor en la obra.
Pero esto no pasa si el que proyecta
está aislado del azar propio de la vida,
buscando lo nuevo por lo nuevo,
en la frialdad de su estudio.
Por el contrario,
pasa en el contacto con la realidad y su ambivalencia,
en la comprensión del epicentro de conflictos
que es cualquier actividad humana.

Y entiendo que es en la manera de resolver dicho problema
donde nace propiamente el arte,
cuyo resultado final es - dirá Siza - siempre una sorpresa.

Porque como él no está esperando
que el lugar se convierta en algo determinado,
el proyecto acabado aparece frente a los ojos
como la forma mas evidente
de congeniar las variables disponibles.

Y cuando esto se ha conseguido sin ostentaciones,
no podría ser menos que impactante.






ResTaurante Boa Nova, Alvaro Siza Viera











Nos sirve como ejemplo de lo anterior,
el restaurante Boa Nova,
en el cual Siza recibe un escarpado roquerío junto al mar.

El arquitecto podría haber dinamitado las rocas,
y construido encima lo que viniera a su antojo.
Pero, conforme a la ética que hemos descrito,
opta por aprovechar lo que el paisaje le ofrece,
no para imitarlo,
sino para articular su proyecto en torno a él.
Y eso no significa, por disparatado que parezca el ejemplo,
que el restaurante deba tener forma de roca
para que se asemeje a su entorno,
sino simplemente que los muros emergen de ellas
adoptando su característica esencial, la cimentación.

Acto seguido entonces, viene la determinación,
aquello que Siza “dice” sobre lo que ya estaba dicho;
esa línea horizontal del techo
que modesta pero inequívocamente declara la presencia humana
a través de una continuidad geométrica,
inexistente en la naturaleza (la recta).

Algo similar podemos apreciar en las piscinas de Leca da Palmeira,
donde nuevamente Siza recibe un roquerío,
aunque esta vez con una misión diferente.

Para permitir que las personas se bañasen,
lo único realmente necesario
era contener y apaciguar las aguas,
cosa que el arquitecto consigue
levantando pequeños muros verticales entre las rocas
que permiten que el agua se acumule y no escurra.

Pero son los pequeños detalles los que importan.
Porque no construye todos los muros que puede,
sino sólo los imprescindibles,
valiéndose de las rocas para que realicen el trabajo restante.

Y yo no llamaría a esto minimalismo, sino sentido común,
consciencia de escala, por último, humildad.

Por si fueran pocos los ejemplos,
tenemos las viviendas sociales de Malagueira,
en las que para conseguir
el aparcamiento organizado de los autos,
Siza no pinta líneas de demarcación;
le basta con establecer la medida justa de la calle
para que eso suceda como sucede.
En términos poéticos,
diríamos que no le construye el verso al lector,
sólo da el pie forzado para que él pueda acabarlo.

En conclusión, podríamos decir
que la obra de Siza brilla desde su luz interior,
dialogando con lo que las cosas son en esencia,
y que esto viene dado
por un fuerte sentido de la responsabilidad
que supone hacer arquitectura.

Por ello, acabo con la sensación
de que el origen de la calidad de su obra
está en su ética, y no en su estética.

Aún más, creo que él construye desde la pregunta incesante,
desde los contrastes,
así que si nos llega a parecer
que en sus últimas obras se desvió un poco del camino acostumbrado,
veremos a Pessoa salir en su defensa:
“Nada es más representativo de la vida que aquellas noticias de los diarios que desmienten hoy lo que esos mismos diarios dijeron ayer” (Libro del Desasosiego, Emecé)

Germán del Sol Stuven

martes, 23 de marzo de 2010

No Importa Que No Sea Cierto. Con El Tiempo, Ya Lo Será.

Para sobrellevar bien el dolor y la destrucción,



hoy mas que nunca necesitamos de utopías.

Lo único que hay nuevo bajo el sol
es lo que está olvidado.
Y para sacarlo del olvido
están soñar despierto
-eso sí, con algo que valga la pena,
como me decía mi madre-
y la ficción que es el arte.

Con el tiempo la ficción
se convierte en realidad,
pero no hay realidad
sin sueños previos.

En el otoño del Patriarca de García Marquez,
el dictador viejo y caprichoso,
quiere canonizar a su madre.
Llama al Obispo, quien se niega haciéndole ver
que su madre no era ninguna santa,
y el dictador rápidamente le contesta,
"No se precupe Monseñor,
con el tiempo ya lo será."

Un Plan Entre Otros. Ante La Adversidad, Casas.



Las olas que devastaron el litoral central de Chile, además de llevarse a muchos de sus habitantes, se llevaron pueblos enteros con sus iglesias, gimnasios, casas, policlínicos, escuelas, comisarias, y plazas. Eran lugares fecundos para la vida de la gente que depende o disfruta del mar, pero esa misma cercanía los dejó expuestos a los maremotos que en Chile no son tan frecuentes como destructivos.

El mar recuperó así de un modo trágico los terrenos más bajos, abriendo a los ojos de algunos arquitectos como yo, la oportunidad única e inesperada de darle un enorme valor a esta costa dejándola vacía de construcciones, para convertirla en un parque nacional del litoral de más de mil kilómetros de largo. Una obra contemporánea que tal vez pudiera hacer de la adversidad una oportunidad para empezar a recuperar la naturaleza de la costa y el ambiente cultural de los pueblos costeros. Y si se hace un buen proyecto y se lo sostiene en el tiempo, de puede abrir un nuevo destino de viajes de interés mundial. Para el bien de todos.

Y digo que volver a trazar los caminos y los pueblos, es una oportunidad única, porque los caminos a orillas del mar, son un incentivo perverso para que en su alrededor se construyan poco a poco pueblos y ciudades cuyo tráfico y polución destruyen la misma costa que se quiere disfrutar para el ocio o destinar a actividades productivas de bajo impacto. Esto pasa en casi toda la costa central de Chile excepto por ejemplo en Cartagena y Zapallar, donde un buen plan dejó el camino y las calles detrás, y en primer plano una vereda para caminar que salvó la orilla del mar, la caleta de pescadores, restaurantes, etc. Son proyectos tan sencillos como escasos.

El camino a orillas de mar es una barrera que a medida que se ensancha se hace cada vez más difícil de cruzar. Y los pueblos y ciudades en los planos que se forman en la orilla misma del mar, están expuestos a que cualquier maremoto se los lleve, aunque funcionen las alertas.

La gente en su dolor y en su desgracia siente con valor y con razón que lo importante es estar vivos. Pero para vivir todos necesitamos una casa donde se refleje el esplendor que tiene la vida humana de cada uno. Tal vez por eso, no podemos confundir ahora lo que es urgente con lo que es importante. Es urgente que las miles de personas que perdieron sus casas tengan un techo donde guarecerse. Pero lo que es importante es que se haga un plan maestro del litoral que ayude a darle sentido a su paciencia y a su esfuerzo, las hagan soñar con un futuro que valga la pena, y las involucren en un plan cuyo cumplimiento sea mejor para ellas aunque les cueste trabajo, que ver su actual miseria proyectada en un campamento de mediaguas del que saben que les va a costar mucho salir porque lo han vivido o lo han visto.

No podemos crear campamentos si nos habíamos comprometimos a erradicarlos.

Por eso me atrevo a proponer que el estado y los privados cada uno en lo suyo, compren, urbanicen y vendan con subsidios y créditos blandos, terrenos de 1.000 m2 urbanizados cada uno con un baño y una cocina funcionando, situados en la parte alta de los pueblos costeros a más 20 metros sobre el nivel del mar, unidos por un camino pavimentado. Y un paquete de materiales y herramientas para que cada uno haga su casa, solo, con su familia o en mingas con los vecinos. Se trata de hacerlas de una vez por todas, usando la prefabricación industrial que es la única que está a la escala de la necesidad.

Estos terrenos altos con frente al mar y al parque natural que correría a lo largo de la costa central, desde el principio tendrían valor económico porque formarían parte de un plan maestro de pueblos con abundante terreno para equipamiento, pendiente favorable para el escurrimiento de aguas servidas y de lluvias, plantas de tratamiento de aguas servidas lejos de la orilla, altura adecuada para la generación de energía eólica, y protección de maremotos, etc.
Y parte de ellos se podrían vender para financiar el resto.

Mientras tanto se lleva adelante este plan, y para que la gente no quede expuesta a la lluvia y al frío, y evitar al mismo tiempo la instalación de mediaguas que se irán haciendo definitivas, sin un plan y sobre los mismos pueblos destruidos, y repetir así los errores cometidos en Tocopilla después del terremoto, propongo hacer campamentos de emergencia en los cerros con mediaguas y tiendas de campaña con sus baños, organizados para vivir el tiempo necesario hasta que los nuevos terrenos estén urbanizados y disponibles.

Se me ocurre que estos terrenos se podrían comprar por ejemplo, con el producto de una licitación internacional de una parte mínima del extenso territorio propiedad del estado y que no es parte esencial del sistema de parques nacionales, y que se preste para la conservación, la venta de bonos de carbono, etc.

Entiendo que presentar una proposición de esta escala es exponerse a parecer cándido. No soy ingenuo, y expongo mis ideas porque a veces algo queda de ellas. Si uno cree que tiene una buena idea tiene que resumirla en pocas palabras. Esta proposición es corta. Que sirva para algo, ya no depende de mí, sino de que sea valiosa para la gente.

Germán del Sol
Marzo de 2010

jueves, 11 de febrero de 2010

Como Es El Nuevo Espacio Público En La Ciudad.

















Mejorar la vida no depende tanto de mejorar la ciudad,
como de mejorar el modo de vivir entre extraños.
Porque la ciudad actual no es un gigantesco vecindario,
sino una cultura de relaciones y oportunidades
cuyas raíces están en el aire.
Porque no está radicada en ningún lugar en especial.

Millones de personas dispersas por el mundo hacen la ciudad actual
tomando decisiones y actuando al mismo tiempo.
Y se adelantan así a cualquier planificación posible.
Y seguirán haciéndolo mientras no las comprendamos.

El aparente caos de las ciudades -incluidas París y Barcelona-
refleja que el espacio público ya no es un lugar físico de encuentro
que se puede ordenar,
sino un lugar de encuentro espiritual, que se puede dar en cualquier parte.
La ciudad actual es un deseo más que un hecho.
Aparentemente no tiene límites. Y su antiguo centro es ahora un museo.

Vivir poéticamente dice Ernesto Rodríguez,
es vivir abiertos a recibir el bien de cada día.
Sin fijarse en el mal que también hay.
Creo que para proponerle al mundo un buen modo de vivir que se refleje en la ciudad,
hay que llamar a verdaderos artistas y poetas.
Y encargarles que en medio de la confusión del desarrollo,
muestren gratuitamente la belleza.

¡Qué función debe cumplir una plaza?

La plaza es el lugar donde debe aparecer
el esplendor de la cultura de una ciudad.

Por eso la mejor plaza, es una plaza vacía de cosas,
y llena de arquitectura, es decir de sugerencias.

La arquitectura no está en la forma, sino en el aparente vacío.
En el aire que contiene lo que no vemos ni podemos nombrar,
las cosas queridas u olvidadas, los sueños posibles e imposibles,
las cosas imaginadas o temidas, el lugar al que miramos con esperanza
cuando estamos distraídos o apenados.

La arquitectura puede llenar una plaza vacía con sugerencias,
hacer que allí aparezcan, el misterio que existe y que no se ve,
o las cosas importantes de la vida, por ejemplo,
la alegría de todos en la fiesta, o el silencio escogido de la soledad,
el frío de una sombra, o los pasos, o la voz,
de las personas que uno quiere...

La plaza debe mostrar el fervor con que se celebran
Las costumbres y los ritos,
y no cuidar sus puras formas. (La Serena por ejemplo)

La tradición solo se puede seguir,
si se siente verdadero afecto por la sobras y los cuidados de la gente,
si se admira por ejemplo,
su capacidad para hacer mucho con poco,
con más ingenio que medios;
o de negociar y adaptarse para sobrevivir a los cambios;
de no contentarse nunca con el mínimo,
y buscar siempre algo más que lo indispensable para sobrevivir,
que revele la dignidad de su existencia.

Tradición de pastores o comerciantes trashumantes,
que construyen plazas que los acompañan en sus viajes;
de tejedores que siempre aciertan el color de la hilada
o de alfareros que celebran la vida encada pieza que hacen;
de hortelanos que se distribuyen sin pelear el agua,
de las manos pacientes de artesanos;
de albañiles de paredes arrugadas
que reciben el polvo como un regalo,
o de penumbras arboladas donde la vista descansa,
entre sombras luminosas y vibrantes;
o de bancos asoleados en el patio para el frío del invierno,
o de plazas vacías, separadas por muros temblorosos de barro,
del resto de las cosas, naturales e inertes.

Plazas vacías de gente, pero llenas de contenido,
porque en ellas está presente todo lo ausente
que falta y se echa de menos,
así como en un cerrar de ojos,
uno aparta lo inmediato,
para recordar mejor lo que se le escapa.

Después de contemplar maravillados estas cosas,
uno va y trata de hacer una plaza de nuevo un poco mejor.
Uno trata de conservar el espíritu de las plazas de la región,
y no su pura forma, que es la apariencia engañosa de las cosas.

Uno trata de conservar en la plaza, por ejemplo,
el plano de piedras temblorosas,
los muros macizos que la encuadran,
y que la abren hacia el cielo luminoso,
la sombra precisa de algarrobos y pimientos,
los bancos de adobe mirando el sol de la mañana;
el espacio casi infinito mas allá,
donde se dispersarían anónimos los días,
si no fuera por las fiestas
que los traen a todos de vuelta,
y los reúnen en celebraciones y rituales.

La gracia de las plazas de maicillo tan precarias,
son parte de una cultura que entiende
que esta arquitectura frágil e inconclusa,
está abierta y llena de potencial para ser fecundada
por lo que la vida trae con el tiempo, y los cambios.

Al señalar su destinación con una plaza,
ciertos lugares de la ciudad o del territorio
se hacen irrepetibles y a salvo de la globalización
donde la plaza no existe más;
dejan de ser un territorio para la especulación,
y cobran un valor en sí mismos que tal vez los protege
del afán de construir o pavimentarlo todo,
como ocurre en la costanera o en el puerto.

Creo que para hacer una plaza no se debe confundir nunca
Lo importante con lo urgente:
Es urgente sacar a la gente de una miseria que avergüenza.
Pero lo importante es que cada plaza
Sea un palacio de dignidad y esperanza,
donde cada uno vea reflejada la suya.
Aunque no se use para otra cosa.

La arquitectura no cuesta plata,
aporta belleza que humaniza las cosas,
y despierta en nosotros el más allá invisible
de las esperanzas y los sueños.

Para disfrutar una plaza,
no se necesitan solo cosas prácticas
sino y sobre todo la gracia
que da vida a los materiales y las cosas inertes.
Todos buscamos trascender aunque sea modestamente,
la dura tarea de sobrevivir.

La belleza no es decorativa ni glamorosa,
sino una sintonía o complicidad
que muestra el lado bueno de las personas y las cosas.
La belleza es tan necesaria para vivir
como el material de una plaza,
porque es un destello de la creación
de la que todos somos parte;
nos enseña a vivir mejor la vida,
y conmueve el corazón
del salvaje que llevamos dentro.

La tradición de pueblos precolombinos,
es construir casas y plazas, aisladas
en grandes explanadas comunes, irregulares, y vacías,
que crean relaciones directas entre sí y con su entorno,
sin la mediación de calles como en la tradición europea.
Casas y plazas instaladas en el paisaje
al modo de las pirámides Mayas o Incas,
o de los pueblos ceremoniales Aimaras, (Isluga)
o de los caseríos atacameños, por poner unos ejemplos.


Así, en una plaza las experiencias se reúnen y la pausa es fecunda,
porque, como dice Teiller,
...“No importa que los días felices sean breves...
...pues siempre podremos reunir sus recuerdos,”...

Germán del Sol

martes, 9 de febrero de 2010

Cuidados Culturales.

Cuidar el patrimonio cultural de Chile,
no significa sólo cuidar los objetos y edificios,
las fiestas y los ritos,
sino y sobretodo cuidar que lo que hacemos,
lo sigamos haciendo con los mismos cuidados.

Pienso, que la cultura es la manera humana,
de apropiarse de las cosas por su comprensión.

Pienso que el patrimonio es ancho y diverso
y tal vez pertenece a quienes más lo cuidan.
Y que quizá la megalomanía o la codicia
nos llevan a veces a tratar de poseer
demasiadas cosas, o extensiones enormes,
para apartarlas para uno mismo,
sin apreciarlas verdaderamente, ni cuidarlas.

Si las apreciamos en lo que valen,
y hacemos algo por cuidarlas,
somos los verdaderos dueños
de las artes de todos los pueblos,
y no los propietarios ocasionales,
ni las naciones donde estas artes se originaron
o terminaron siendo usadas o expuestas.

Como no somos dueños de unos poemas de un poeta,
sólo por comprar sus libros.

Hay un cuento de Borges,
en que un rey invita a un poeta a conocer su palacio.
El poeta después de visitarlo,
dice una palabra, o una frase, -no se sabe-
que comprende el palacio entero,
y aunque se apropia de él, sin quererlo,
el rey lo manda matar,
porque siente que se lo ha quitado.

Algunos descuidos tan grandes
como por ejemplo el Transantiago,
hoy importan a la gente más que la ciudad misma,
porque la ciudad actual es una red entrecruzada
de cuidados comunes.

Cuando se corta esta corriente fecunda,
no recibimos la vida en la ciudad
como un estímulo sino como una frustración,
y se pierde la dignidad común,
de la que todos necesitan formar parte.

Quizá, ahora no hay solo que cuidar la ciudad misma,
sus calles, sus plazas y sus casas,
sino que hay que cuidar que estén hechas con cariño,
para que sean fruto del afecto,
y no solo del comercio inevitable.

Por eso tratamos de mostrar
que la belleza de algunas cosas nuestras muy sencillas,
proviene tal vez del cuidado con que están hechas,
mas que de su ingeniosa capacidad de hacer mucho con poco
para satisfacer tantas necesidades.

Porque el fervor es la fuerza motora esencial
que no solo tienen los artistas o artesanos,
para transformar la materia bruta que es la naturaleza,
la lana, el palo, o el barro que reciben,
en belleza que dan,
sino también los ingenieros, los obreros o los comerciantes,
para que la ciudad no sea un conjunto de obras esporádicas,
unas calles, unas casas, unos condominios cerrados,
unas plazas o unos parques por ahí todo muy bien iluminado,
por allá unas autopistas, calles, autos, motos, camiones,
micros amarillas repintadas o buses articulados,
un río sin orillas que corre sucio y desangelado…
sino que la ciudad sea una totalidad
de un sereno término medio,
y sobretodo que tenga el afecto de la gente
para que la vea como ven a Nueva York los neoyorquinos:
mucho mejor de lo que es,
una ciudad amable y fecunda para la vida.

martes, 24 de noviembre de 2009

Somos Creativos, No Creadores.










































Sergio,

Pienso que no somos creadores,
A lo más somos creativos,
Todo está creado,
No podemos crear nada nuevo,
Pero podemos mirar con ojos nuevos
Las mismas cosas de siempre,
Y descubrir nuevas relaciones entre ellas
O aquello que está oculto u olvidado.

La cultura, es la mirada nueva
Que cultivamos entre todos,
Para olvidar la propia esencia,
Y compartir con los demás,
La dura tarea de sobrevivir,
Dándole a la vida una perspectiva:
Un más allá Fecundo.

Me temo, que si uno pretende ser
Fiel a la propia esencia,
En vez de salir e interesarse como niño
Con lo que pasa afuera,
Se mira el ombligo buscando
Lo que le pasa adentro.

La propia esencia sólo existe
Cuando uno se olvida de ella.
Es como la felicidad.
El que la busca, no la encuentra.
Por eso, la creatividad trabaja
Con las oportunidades,
Que para enredar la esperanza
Se disfrazan de aparentes pies forzados.

Un abrazo,

Germán

jueves, 3 de septiembre de 2009

Patagonia Chilena Abierta.









Foto Macduff Everton






















Foto Guy Wenborne





Patagonia Chilena.

Mi primer contacto con la Patagonia fueron historias de coraje y resistencia.
Magallanes, que acuchilló en cubierta a 3 oficiales que se le revelaron en la bahía de Santa Cruz, antes de descubrir el estrecho, y morir después en una tonta escaramuza en las islas de las especias.

O el viaje en bote, a través del mar de Wedell de Sir Ernest Shackelton, para buscar ayuda y rescatar a la tripulación del Endurance que encalló en los hielos, lo que finalmente logró un año y medio después con el Piloto Pardo en la Yelcho. No cumplió su sueño de llegar al Polo Sur, pero volvió con su tripulación sana y salva. Su mujer cuenta que Shackelton no le comentó nada del viaje hasta que un día la miro y le dijo de repente: “Más vale un burro vivo, que un león muerto”.

O los maravillosos cuentos de Coloane, Chatwin, Hudson, los restos de piel de milodón que encontró el capitán Eberhart cuyo nieto sigue viviendo en la Estancia Villa Luisa. O los testimonios de vida entre los últimos Onas y Yámanas, del Padre Martín Gusinde, y del misionero anglicano Lucas Bridge, que les permitió vivir en Harberton, su Estancia cerca de Ushuaia, etc.

Cuando joven recorrí con amigos casi todo Chile entre Arica y Chiloé, a dedo, en tren, muchas veces a pie. Pero no tenía plata para llegar a Patagonia, de la que sabía por don Carlos Stuven, que en los años 60 llevaba a su familia a pescar al que ahora es el Parque Nacional Torres del Paine. Contaba por ejemplo, que una vez acampando a orillas del rio tuvo que quemar un puesto para no congelarse.

En 1988, Ladeco una línea aérea chilena, nos encargó remodelar la Hostería Wala en la Isla Navarino, donde pasamos el verano arreglándola con un grupo de maestros, conociendo navegantes aventureros e historias de travesías y naufragios en el Cabo de Hornos. Y su faro que centellea en el fin de América.

Después de la inauguración de la hostería fuimos a conocer Torres del Paine. Fue entonces que descubrí la Patagonia chilena, vasta, a veces verde, otras montañosa y nevada, sola o dispersamente habitada. Una verdadera reserva mundial de belleza natural y cultural casi intocada, entonces sin hoteles ni turistas. A La vuelta, le propuse a José Luis Ibáñez S.M. que Ladeco hiciera un hotel allí, pero él dijo, “¿Porqué no propones mejor un proyecto de viajes al sur de América?

En un viaje en avión chico a Puerto Williams escribí de corrido los fundamentos del proyecto de viajes que después llamé explora, tal vez como hago también ahora, para capear mejor las turbulencias.

En medio de la crisis de la uva de 1989, José Luis Ibáñez S.M. me presentó a su hermano Pedro, quien llevó adelante la idea con mucha habilidad y medios. Y un equipo de conocedores de la riqueza del país como Carlos Aldunate, Luis Osvaldo de Castro, Jorge Schmidt, por nombrar a quienes viajamos muchas veces para comprobar que en Patagonia se puede pasear a gusto al aire libre todo el año -en ese tiempo Torres del Paine se cerraba el 1 de marzo y se abría el 1 de diciembre de cada año-, y probar los paseos que después ofreceríamos a las visitas del hotel, con el conocimiento y el entusiasmo que solo dan las experiencias de primera mano.

El año 1993 con el hotel explora, la Patagonia chilena se abrió al mundo de los viajes de exploración de lujo. Y llamo lujo al privilegio de tener por ejemplo, una conversación sin importancia, o reírse con gente que uno no conoce. Estar en un silencio no interrumpido. O gozar de espacios abiertos amplios y sin cercos, y sentir que el tiempo está disponible en plenitud para hacer lo que uno cree.

Si el tiempo solo existe en relación con el espacio y la velocidad (V=E/T), para alargar la sensación de tiempo, tal vez haya que bajar la velocidad caminando, o andando a caballo, en bicicleta o en bote, y aumentar el espacio disponible hasta que sea una inmensidad.

En el año 2006, el Hotel Remota enriqueció a la Patagonia chilena como un destino mundial de viajes abierto en plenitud todo el año, porque combinó la experiencia de la naturaleza brutal de Torres del Paine, con la cultura viva de un puerto pesquero chico como Puerto Natales, de las estancias y sus parques centenarios, y el trabajo en sus corrales, sus bodegas, y en el campo.

Una noche hace años en la casa de Horacio Serrano en la Hacienda Los Remolinos, aprendí que la falta de cosas esperadas hacía aparecer bienes inesperados. Que la falta de luz eléctrica creaba proximidad, conversación, y mostraba la oscuridad de la noche. Y que otras como el agua caliente, la leche, o el pan, todavía mantenían la relación con su origen en el horno, la vaca, o el fuego que se hacía cada mañana debajo del tambor. El campo parecía salvaje, inculto, un poco abandonado a su suerte. Quizá, el fervor no se enseña haciendo producir un campo, sino haciendo fervorosamente hasta lo más sencillo que nos toca hacer para que adquiera un sentido en la existencia.

En un viaje a Chile, el Secretario de Estado Norteamericano George Schultz visitó el Hotel Antumalal de Pucón, invitado por don Guillermo Pollack quien viéndolo incapaz de desconectarse de sus tareas tan importantes para apreciar el lugar que la arquitectura hacía aparecer en todo su esplendor, le dijo: “Mr. Schultz, le voy a hacer el mejor regalo que puedo hacerle. ¿No sé por cuánto tiempo Ud. podrá aceptarlo? Y le puso una silla en medio del pasto mirando hacia el lago Villarrica. Y me contó don Guillermo, que Schultz estuvo sentado inmóvil por lo menos quince o veinte minutos.


Germán del Sol
Septiembre de 2015

Bicentenario, ¿De Qué?


Foto de Toni Pericó.
Santiago, 3 de Septiembre de 2009

Para un arquitecto que hace obras con la riqueza natural y cultural
que se descubre en todo momento y lugar si uno observa con cuidado,
el pasado que cuenta no es tanto el histórico,
como el pasado que todavía tenemos presente hoy.

Pero como cada cultura sólo ve del presente lo que cree,
si por admiración o por ignorancia muchos chilenos creen
que sólo es parte de nuestra historia la época republicana,
tal vez haya que mostrarles nuestra larga historia artística,
celebrando no doscientos, sino quizá ocho mil años.

Tal vez, nuestras raíces no están en Europa
como nos enseñaron,
o en el aire como dicen otros,
Quizá no seamos periferia,
ni estemos lejos de otra parte,
como se repite tanto.
Nos sentimos un país remoto.
Pero nuestras raíces son largas,
y están el sur de América,
e incluyen hasta donde yo sé,
desde la cultura Chinchorro hasta la actual.

Nuestra cultura ha sido fecundada
por el encuentro con muchas otras.
Entre ellas por el encuentro con Europa,
que les dio a los indígenas ensimismados
a lo mejor por la vastedad del continente,
un mundo más amplio y diverso.
Y un orden apropiado para la vida moderna,
con la que nuestra cultura a lo mejor se encontró sin buscarla.
Inspirada como estaba por ideas de la revolución francesa,
y de la independencia norteamericana.
Olvidando de paso sus raíces indígenas.
Las bien llamadas culturas originales,
porque conectan nuestra cultura
con su origen americano.

Si nuestras raíces ahora están en el aire,
es tal vez por ese olvido
que trae el entusiasmo por el cambio.
Que debió ser momentáneo,
pero pasaron 200 años.
No se trata de cambiar este olvido por otro.
No somos algunos los chilenos,
y los otros pueblos originarios,
como pretenden algunos,
sino una mezcla fecunda de todos los que viven aqui,
o por aqui han pasado.

La celebración del Bicentenario tal como está planteada,
ofende a los que se sienten originarios
aunque no lo sean tanto.
Es tan violento que a uno no lo reconozcan en su país
por cerrazón cultural,
como puede pasarle a un continental en la Isla de Pascua,
como por ignorancia,
como le pasa a los mapuches
en el país cultural que es Chile,
donde tal vez los desconocemos,
porque no somos capaces de aceptarlos como extraños.

Germán del Sol
arquitecto

jueves, 6 de agosto de 2009

Sólo Conocemos Lo Que Nos Ofrece Resistencia.






















Quebrada Seca Guy Wenborne
Querido amigo,

Creo, que las dificultades tal vez tienen sentido,
porque en la vida solo se conoce,
aquello que ofrece resistencia.
Incluso el viento y los sentimientos,
que son invisibles

El agua y la arena,
se resisten a conservar
la memoria del molde,
o el hormigón que cuando fragua
se resiste a cambiarla.

La vastedad de la mar
o de un dolor,
que se resisten a ser medidos.

El tiempo que se resiste a ser por sí mismo
y solo es en el reloj,
o en su reflejo en el polvo de una ventana,
en la sugerente terquedad de una ruina
o en las arrugas de una cara.

O el silencio, que se resiste a ser atrapado.
Se puede oír la música
porque hay silencios entre las notas,
que ser resisten a sonar,
y las separan.

O el corazón que se resiste a abandonar
una pasión, un verso, una sonrisa,
una fuga, o una flor.

O el amor y la inteligencia
que tal vez son,
la resistencia de la vida a la fealdad
y a la indiferencia.

Solo pasando calor tal vez,
se conozca el frescor del agua,
o de una buena sombra;
con hambre y frío qué bueno es el pan ,
y el abrigo anonimo de la caridad.
En la soledad uno se conoce a sí mismo,
y descubre si entonces tiene algún amigo.

Cuando Amundsen y sus compañeros
son los primeros en llegar al Polo Sur,
el les dice, .."No tengo pensamientos
muy profundos que compartir con Uds.,
excepto que ahora siento
lo importante que es estar vivos".

Un abrazo,

Germán

A Mi Capitán Luis Rosselot.

“Oh Capitán, mi Capitán", El duro viaje parece concluido, A los lejos se escuchan Ruidos de puerto.... , ...