viernes, 28 de agosto de 2015
miércoles, 26 de agosto de 2015
La Insoportable Fealdad del Rascacielos.
El arquitecto Borja Huidobro, ha llegado de Paris,
y dice el sábado pasado en "Vivienda
y Decoración",
que los chilenos estamos más
atrasados que “la cresta”.
Y que todos nos creemos
arquitectos.
¿Más atrasados que quien?, pensé.
Y salí a conocer sus obras.
Y concluí que a lo mejor es
cierto lo que dice.
Si no vinieran gente e influencias
de afuera
a modernizarnos como él y otros piensan
que nos conviene,
¿y porque no habríamos de
creerles?
estaríamos viviendo en una ciudad
más anticuada y amable,
con edificios bajos y de fachada
continua,
que permiten altas densidades sin
paralizar la circulación,
que no tapan demasiado el sol ni
las vistas,
construidos de materiales que
envejecen bien,
como el ladrillo o el hormigón
estucado,
estaríamos viviendo en fin,
en una ciudad más parecida al
centro de Paris,
que al de Toronto,
y no soñando con más rascacielos
aislados,
que se peleen por ser los más altos
como escribe Sebastián Gray ese día
en la misma revista.
Estos edificios transparentes de acero
forrados de vidrio,
no tienen secretos que guardar,
porque no tiene intimidad,
y exponen a quienes viven o trabajan
en ellos
a la vista de los demás,
al sol, a la lluvia, al ruido de
la calle,
y por supuesto a la angustia del
abismo
de muchos pisos detrás del
escritorio,
protegidos solo por unas cortinas
finas,
que pretenden devolverle algo de
la intimidad perdida,
a esos cuerpos ideales y limpios
como refrigeradores,
que hay que pasar permanentemente
limpiando.
Pienso que en arquitectura, la
innovación por la innovación,
Nos hace olvidar la relación de
la arquitectura con su origen,
que es construir lugares donde
realmente queramos estar,
y no simplemente para ser vistos
en una imagen atractiva o
exitosa.
A mi gusto, Borja Huidobro hizo
su mejor obra
asociado con Enrique Brown.
Es el edificio del Consorcio,
que tiene una altura y una
relación adecuada con el vecindario.
Su fachada poniente es una suave curva
con un parrón vertical con
plantas
que la protegen del sol y de las
vistas,
mientras que al oriente la
fachada
es un muro recto sencillo con
ventanas.
Y en el interior, hay intimidad.
Un abrazo,
German
miércoles, 20 de mayo de 2015
miércoles, 8 de octubre de 2014
Somos de Aqui y No de Allá.
Para vivir prefiero Chile,
pero
allá en Barcelona hay gente más educada,
comida
rica sana,
gente
bien vestida,
conversación
franca,
hay
espacio público público,
autos
chicos, veredas anchas,
sin
perros vagos, ni cuidadores de autos,
ni
estacionamientos pagados,
no
hay polución, el celular no manda,
los
niños no chillan en los restaurantes,
pero
no hay pájaros,
ni
olores fragantes,
ni
arboles grandes,
ni
playas playas,
ni
lagos ni campos,
ni
caballos sueltos ni cerros grandes,
no
hay nieves eternas
corderos
vivos
ni
ruido de agua,
no
hay bandadas de choroyes ni de trailes,
conejos
ni parques,
mesas
de café hay en todas partes
para
detenerse y ver pasar el tiempo,
no
hay pacos, ni alarmas,
ni
alambradas eléctricas,
el
hijo de Hitler gatea todavía,
casi
nadie trota
ni
se ven buzos ni zapatillas plásticas,
y
el polar es un círculo en el ártico,
hay
zapatos de cuero,
chalecos
de lana,
camisas,
pañuelos y manteles de algodón,
mastican
poco chicle, comida chatarra,
o
pellets en bolsa,
comen
sentados incluso los helados,
saludan
en el ascensor y en el restaurante,
andan
con chaqueta y sin jockey,
caminan
por la vereda y no van a ninguna parte,
no
se ven moles ni bombas de bencina,
en
vez de farmacias hay bares,
y
en vez de jeeps gigantes, hay motonetas,
pero
en vez de ser de allí somos de acá,
y
uno es de donde es
y
no de donde le conviene.
No hay que desear los bienes ajenos, no?
lunes, 15 de septiembre de 2014
viernes, 29 de agosto de 2014
Cuidar los Cuidados.
Cuidar
el patrimonio cultural de Chile,
no significa sólo cuidar los objetos y edificios,
las fiestas y los ritos,
sino cuidar que sigamos cuidando lo que hacemos,
con los mismos cuidados.
no significa sólo cuidar los objetos y edificios,
las fiestas y los ritos,
sino cuidar que sigamos cuidando lo que hacemos,
con los mismos cuidados.
Pienso que la cultura es la manera humana
de apropiarse de las cosas por su comprensión.
de apropiarse de las cosas por su comprensión.
Pienso
que el patrimonio es ancho y diverso,
y tal vez pertenece a quienes lo cuidamos.
y tal vez pertenece a quienes lo cuidamos.
Y
que quizá sólo la megalomanía o la codicia nos llevan a veces
a tratar de poseer demasiadas cosas, o extensiones enormes,
para apartarlas para uno mismo,
sin apreciarlas verdaderamente, ni cuidarlas.
a tratar de poseer demasiadas cosas, o extensiones enormes,
para apartarlas para uno mismo,
sin apreciarlas verdaderamente, ni cuidarlas.
Si
las apreciamos en lo que valen, y hacemos algo por cuidarlas,
somos los verdaderos dueños de las artes de todos los pueblos,
y no los propietarios ocasionales,
ni las naciones donde estas artes se originaron
o terminaron siendo usadas o expuestas.
somos los verdaderos dueños de las artes de todos los pueblos,
y no los propietarios ocasionales,
ni las naciones donde estas artes se originaron
o terminaron siendo usadas o expuestas.
Como
no somos dueños de un poema,
sólo por comprar el libro.
sólo por comprar el libro.
En un cuento de Borges,
un rey invita a un poeta a conocer su palacio.
un rey invita a un poeta a conocer su palacio.
Después de visitarlo, el poeta dice una palabra,
o una frase, -nadie sabe-
que comprende el palacio entero.
Y aunque se apropia de él sin quererlo,
el rey lo manda matar,
porque siente que se lo ha quitado.
o una frase, -nadie sabe-
que comprende el palacio entero.
Y aunque se apropia de él sin quererlo,
el rey lo manda matar,
porque siente que se lo ha quitado.
Algunos
descuidos tan grandes como por ejemplo el Transantiago,
hoy importan a la gente más que la ciudad misma,
que debe ser una red entrecruzada de cuidados comunes.
hoy importan a la gente más que la ciudad misma,
que debe ser una red entrecruzada de cuidados comunes.
Cuando
se corta esta corriente fecunda,
no recibimos la vida en la ciudad como un estímulo
sino como una frustración,
y se pierde la dignidad común,
de la que todos necesitan formar parte.
no recibimos la vida en la ciudad como un estímulo
sino como una frustración,
y se pierde la dignidad común,
de la que todos necesitan formar parte.
Quizá,
ahora no hay solo que cuidar la ciudad misma,
sus calles, sus plazas y sus casas,
sino que hay que cuidar que estén hechas con cariño,
para que sean fruto del afecto,
y no solo del comercio inevitable.
sus calles, sus plazas y sus casas,
sino que hay que cuidar que estén hechas con cariño,
para que sean fruto del afecto,
y no solo del comercio inevitable.
Quizá la belleza de algunas cosas nuestras muy sencillas,
proviene del cuidado con que están hechas,
más que del ingenio de hacer mucho con poco
para satisfacer tantas necesidades.
proviene del cuidado con que están hechas,
más que del ingenio de hacer mucho con poco
para satisfacer tantas necesidades.
Porque el fervor es la fuerza motora esencial
que no solo tienen los artistas o artesanos,
para transformar la materia bruta que es la naturaleza,
la lana, el palo, o el barro que reciben, en belleza que dan,
sino también los ingenieros, los obreros o los comerciantes,
para que la ciudad no sea un conjunto de obras esporádicas,
unas calles, unas casas, unos condominios cerrados,
unas plazas o unos parques por ahí todo muy bien iluminado,
por allá unas autopistas, calles, autos, motos, camiones,
micros amarillas repintadas o buses articulados,
un río sin orillas que corre sucio y desangelado…
sino que la ciudad sea una totalidad de un sereno término medio,
y sobretodo que tenga el afecto de la gente
para que la vea como ven a Nueva York los neoyorquinos:
mucho mejor de lo que es,
una ciudad amable y fecunda para la vida.
Un abrazo,
German
Septiembre de 2015
sábado, 7 de junio de 2014
lunes, 3 de marzo de 2014
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