lunes, 16 de mayo de 2011

Paris.

















Fotos de Paula Montero y Germán del Sol.

Ojalá me entiendan este resumen que hicimos,
para agradecer a mis amigos Francoise y Francois Lemarchand
un precioso regalo francés:
esos planos enormes de maicillo,
ordenados geométricamente
con macizos de boj e hileras de plátanos orientales,
abiertos generosamente;




















un espacio público no privatizado por rejas, guardias,
ni publicidad comercial,
donde uno puede tomar, fumar, y conversar a cualquier hora
en la vereda de un bar,
aunque llueva un poco,
mezclado en una multitud anónima vestida de negro,
o caminar tomado de la mano de quien uno quiera
por la orilla adoquinada del Sena
sin barandillas ni rejas,
















la hermosa amistad de sus amigos Bergitt y Christián,
y sus cantos rituales tan primitivos y frescos,
el queso fresco de ovejas de Córcega,
los vinos sabrosos y suaves,
el gusto de comer con ellos,
y caminar por Versalles
en fin,


















los mejores recuerdos
de momentos felices que uno atesora,
porque esa es la felicidad,
no creen?


























Igual vuelvo feliz a Santiago,
aunque esta ciudad sea todo lo contrario,
y vaya en camino de convertirse en Barcelona,
una ciudad de gente apurada y poco amable
llena de autos y de ruido,
donde los buenos lugares para caminar o andar en bicicleta
están lejos de la vida diaria, etc,

un abrazo

Germán


Querido Germán,

Siempre regalas palabras sugerentes.
París, Francia. ¡Qué Lugar!
Entre mis mejores recuerdos,
algunos de los más felices se dieron allí.

Andando por París,
viviendo en un departamentito en el Boulevard St. Michel,
con mis hijas hace ahora casi 4 años,
mostrándoles esa ciudad ya para mí muy amada,
que me deslumbró –literalmente-
en mi primera salida de España sin mis padres,
a los 16 años viajando en tren con un gran amigo,
a la que volví otras veces,
y más adelante con Sonia, doblemente enamorado,
en una mini luna de miel
–estaba a punto de acabar el sufrido proyecto fin de carrera-,
y que siempre me extasía.

La verdad es que París es
una de las más completas y maravillosas obras humanas.

Y Francia habría que inventarla si no existiera.

A los 16 años recorrí Normandía con ese amigo,
en una felicidad pura como nunca recuerdo.

Francia es casi es una obsesión;
en 2006 recorrimos deliciosamente lentos el canal du Midi,
en una barcaza,
tomando queso y vino y viendo el cielo y el sol y la luna
a través de la bóveda de los árboles sobre el canal,
y fuimos de noche en bicicleta por los caminos entre los campos,
con Patricia y Helena en esa edad irrepetible para un padre.
En 2008 recorrimos en bici parte del curso de Loira,
en días soleados y lluviosos,
parando en pueblitos llenos de Francia.

La naturaleza civilizada.

Sé que Woody Allen te repele,
pero tienes qué ver su última película, Midnight in Paris.

Es deliciosa. Y una oda a París.

(y él no aparece en la pantalla).

Arquitectura. Un Aporte Al Paisaje.







Viaducto de Millau, obra de Norman Fosters and Partners
Puentes medioevales de ladrillo en Millau, sur de Francia.
Fotos de Paula Montero Ward y Germán del Sol.


















HydroAysen. Oportunidades.














Santiago, 10 de Mayo de 2011

HydroAysén. Oportunidades.

Queridos amigos,

Tengo una idea
que tal vez pueda ayudar entre otras,
a convertir a Hydroaysén
en un aporte al paisaje de Chile.
Y a salir de esta distancia corta
en que parecemos juzgarlo.

Es una parte del proyecto
del que nadie ha dicho nada que yo sepa.
Y que no significa encarecerlo
como pueden temer los empresarios,
(quienes tienen la obligación de cuidar el negocio,
como los demás que sea fecundo para todos).

Si quieren que les vaya bien,
quienes toman iniciativas de esta envergadura,
tienen que convencer a los chilenos.
Me tocó dirigir proyectos en la Araucanía,
Patagonia y Atacama,
en los que también tuve que convencer
a muchos vecinos y autoridades
que en principio se oponían.









En la construcción de las centrales hidroeléctricas,
cinco represas,
y más de mil cuatrocientos kilómetros
de líneas de transmisión de Hydroaysén,
hay obras que mejorarían el entorno donde se ubican,
si se proyectan como un aporte cultural al medio ambiente,
y no como un daño que hay que paliar.
Como tan modestamente les pide la ley.






Quizá, el amor de los chilenos por el territorio
nos impide a veces verlo tal como es.
Es en parte naturaleza brutal,
y en parte un paisaje cultural.
Es decir que se cultiva.













El territorio que habitamos
también en nuestra imaginación
y en nuestros sueños,
incluye la naturaleza pura
que hay que preservar intocada e inculta,
y una parte culta o cultivada que nos cobija,
y que es el paisaje mismo.

Tal vez por eso,
casi nadie ha dicho todavía,
que las obras de infraestructura
asociadas a la construcción de Hydroaysén,
como por ejemplo, los pozos de extracción de áridos,
el relleno de los botaderos,
los caminos, aeródromos y otros servicios para Cochrane,
o los puertos y rampas para Puerto Yungay y Río Bravo, etc.,
son una oportunidad de hacer un aporte al paisaje natural.
Dándole una justa dosis de cuidados a la buena ingeniería,
para que refleje la belleza
que anima a las obras inertes.

Aunque esta idea escandalice
a los partidarios de la Ecología Profunda,
la naturaleza sola no existe.
Sólo existe si alguien la ve.
El paisaje, dice Ortega y Gasset,
es lo que cada uno lleva consigo.
Como un pic-nic.

La energía que se busca en los ríos
es necesaria para mejorar la vida de todos los chilenos.
Para que la producción y el transporte de esa energía
no destruyan por error y para siempre
la belleza de los territorios afectados,
este proyecto debe entenderse
como una obra de ingeniería
que debe formar parte fecunda del paisaje,
como todo buen canal, camino, o puente.



Hace dos mil años
que los chilenos venimos haciendo construcciones
favorables a la vida humana en el paisaje.
Por dar sólo un ejemplo,
la aldea de Tulor
en el oasis de San Pedro de Atacama
tiene dos mil años.
En ellas podemos inspirarnos
para hacer de nuevo obras bien hechas
como las terrazas, pucarás, o caminos del Inca
que hacíamos en los tiempos precolombinos.




Pero, también nuevos puentes
tan generosos como los que hicimos para el ferrocarril,
o los largos canales y acequias
que hicimos para regar los valles centrales,
o los altos muros de adobe
que nos acogen todavía en interiores en penumbras
como los de las iglesias y casas coloniales,
o las leves acequias y molinos de madera,
o los chemamulles y eehues mapuches.

¿Por qué no?

Y no Pienso sólo en el valor incalculable de la belleza,
que nos hace más humanos,
sino también en que hacer las cosas mal
es más caro que hacerlas bien.
Aunque cuesta tanto demostrarlo,
una prueba es Transantiago.

Un abrazo,

Germán

P.D. Descubrimos esta riqueza en potencia con Alicia León R. y Pablo Lamarca R.
durante su proyecto de título en la Escuela de Arquitectura de la U.C. entre 2009 y 2010. Presenté esta idea a HydroAysén en una reunión en 2010.



Hola German,

Que bueno el articulo sobre Hidroaysen.
Luego de ver la descripcion de Paris,
pienso que si las Centrales se hiciesen bien,
estos nuevos lugares podrian pasar a ser
un gran referente para el mundo.
Como dices de la arquitectura precolombina.

Y asi en unos años mas,
se escribiría sobre el cuidado con que se hacen las cosas
en el sur de Chile.
Hay tanto para hacer en torno a esos proyectos,
y podria quedar tan bien hecho!.
Con avenidas y plazas y un lugar para la contemplacion.
Construyendo nuestro paisaje y nuestro patrimonio.

Quizas lo que complica las cosas
es que las obras de arquitectura se viven y se experimentan.
No se prometen.
Una vez que una persona "se siente bien" en un lugar..
entiende todo el sentido de lo que se queria decir.
El por que de las medidas y del espacio que se dibujó.
Habria que poder "construir bien" antes;
algun precedente de algo bueno,
con buenas medidas
y que poco a poco la opinion entienda
que las cosas se pueden hacer con Caleta Tortel
al mismo tiempo que con una Central Hidroelectrica.

Es muy revolucionario y visionario como idea,
y a la vez esta presente en toda nuestra historia,
en los canales y puentes, como dices.

Espero que esta carta de frutos, que de ideas,
y que se desarrollen buenos proyectos.
Que crezca el patrimonio y nuestro paisaje cultural.
Seria tan entretenido que pudieras participar en eso.
Seria un gran aporte.
Harían falta hacer un par de proyectos,
quizá antes de la construccion de las centrales,
que convenzan a las personas de que se trabaja con buenas ideas.

Me parece super entretenido e interesante!

un abrazo

Ali.

martes, 7 de diciembre de 2010

Ha Pasado Y Queda.

Han pasado diecisiete años.
Y aún nos cuesta desapegarnos.

“Ser en la vida romero,
romero que pasa siempre
por caminos nuevos…
Ser en la vida romero,
pasar por todo una vez.
Una vez sólo, y ligero”,
nos pide mi mamá,
en la comida de despedida
de su casa de Américo Vespucio.

La pena no se acumula.
La felicidad no se guarda.
Uno es también lo que le falta.

Soy ciego, dice Borges,
y por eso me importan tanto
los colores que no puedo ver.

A unos nos falta la mamá.
A otros el papá.
A todos nos une hoy,
la falta de la abuela, la "Tita Olla" o "Alita",
el Tata Patricio Guzmán de la Fuente,
la "Nana", la "Luchita", la tía Raquel,
la tía Ena monja, el tío Hugo solo.

Están con nosotros
porque todavía nos faltan.

Es humano reír y llorar.
Con el tiempo nos podremos reír,
de lo que hoy día nos hace llorar.

La penas se pasan con tiempo.
La alegría se aprende riendo.
Lo malo pasa, también lo bueno.

A vivir se aprende viviendo.

“La cosa mas real y bella es vivir.
Y no olvidar que es nuestra tarea.
Estemos donde estemos, hemos de vivir
como si nunca hubiésemos de morir”,
dice el poeta turco Nazim Himket.

Si es verdad lo que creemos,
todo el que cree aunque muera vivirá.
Nadie que cree muere en realidad.

Como dijo muy bien la Rosario,
si están en el Cielo como creemos,
estarán riéndose de las cosas
que antes les molestaban.

Es necesario el rigor.
Pero no es suficiente.
Sólo la esperanza basta,
para fracasar contentos.

Es mejor ver cien pájaros volando,
que tener uno en la mano.

La felicidad está en nuestras manos.
Aunque no podamos cambiar el mundo
como ellas querían,
podemos cambiar lo que hacemos de él,
mientras tanto.

Creer, es querer creer, dicen.
Quiero creer, y creo
que todo lo que nos falta está en el cielo.
Que, como dice Santa Teresa,
“Solo Dios Basta”.


Recuerdo al Tata Patricio, alto, sereno;
elegante, cariñoso, lleno de bondad.
Protegía por si acaso a la Rosario:
“a las mujeres no se las toca,
ni con el pétalo de una rosa”.

Su ingenio, la Maestranza,
Rafael Arancibia, el misterioso socio,
las casas que arreglaba con el dibujante Celli,
la locomotora a vapor,
el mono inflable Michelín del compresor,
el taller lleno de herramientas ordenadas,
su placer de arreglar cosas, que aprendí,
y que es un modo de poner la mente en blanco.
El Ford 30 el domingo en la mañana.
El silencioso Chevrolet 51 azul,
en el que fuimos a Viña “sin una pana”.

El Hotel Inglés de Casablanca,
donde tomé la primera Coca-cola.
No me gustó, pero fue inolvidable.
Los gustos son aprendidos.
La Coca-Cola, la langosta, o el coraje.

La Tita Olla iba a Los Gobelinos
todos los meses a cobrar sus juguetes.
El dueño la reconocía y la hacía pasar
para pagarle. Y ella sonriendo le decía:
“Después de que pase toda esta gente
que lo está esperando”.

Hay que renovarse con los tiempos.
“Seguir la tradición”, me dijo,
“no es usar el sombrero de tu abuelo,
sino comprarse uno nuevo como hacía él.”

“Lo importante no es cuidar las cosas”, me decía,
“sino cuidar el cuidado con que ellas están hechas”.

Con cuidado arreglaron su casa de Montemar.
Y la prestaban con preciosas instrucciones:
“Al llegar a la casa” que escribió la Tita Olla,
“Al dejar la casa” que escribió el tata.

Como desde la vereda de un pueblo,
mirábamos pasar cada tarde una fila de autos
a ver ponerse el sol en el camino a Con-Con.

Quedábamos inmóviles por el movimiento,
tan absortos por si ese ir y venir,
como si fuera el fuego de una chimenea,
o las olas del mar que vienen y se van.
Cuando se retira la ola en Reñaca,
hay que correr para sacar las jaibas,
de esa parte de la playa que aparece brillante.

La Tita Olla tenía talento
para tratar con belleza y rigor
las cosas mas verdaderas de la vida.
Para bien y para mal con su sabiduría
todo parecía mas fácil.

El matrimonio con amor,
y sino en silencio inocente.
La plata con trabajo honrado,
y sino la pobreza era virtud.
No había nada que transar.
Ni debilidades que aceptar.

Tenía ingenio para descubrir que los niños
juegan con cosas de verdad.

Con el escritorio con carnet, block de papel,
lapicera a pluma y tinta china, sobres,
lacre para sellar, y sobretodo chequera.
Su atracción fatal garantizaba
que mis amigos fueran a mi fiesta.
Y después a veranear en Reñaca
para conocer a la Carmen y a la Pilar.

Los muñecos de madera articulados
con un esqueleto elástico,
fueron primero huasos bailando cueca,
y después futbolistas de todos los países
que jugaron en Chile el mundial del 62.

Para las niñitas fabricaba el almacén,
con el mueble típico de entonces,
pero tenía un carro de supermercado,
y si no lo estoy inventando,
hasta una caja registradora,
jugos Nobis en miniatura,
que nos tomábamos a la pasada,
y tazas, platos y jarros de loza
que la Manena y la Paulina,
y unas niñas que cruzaban el jardín,
pintaban a mano en el taller del fondo.

Escalábamos las jabas
en que llegaba la loza de Penco,
o la higuera que después de almuerzo,
se quebraba.

Un domingo del año 64, si no me equivoco,
hubo elecciones presidenciales, y un terremoto.
Y un domingo del año 60 en que se casó
no sé si Pato o la Paulina, otro terremoto
mientras estábamos en el teatro Brasil,
la Pilar, la Carmen, Cristián y yo.
Esperando que empezara la fiesta,
para tomar helados.

Pero la cosa más cuidada y bella
que me hizo la Tita Olla con sus manos,
es un cuaderno con palabras en ingles,
y su significado pintado por ella.

Fue feliz en sus viajes a EEUU,
y después a Europa en carpa,
con Perico y la Nina, y los Correa.


Una vez le pregunté porque en los diarios
había puras noticias malas, y me dijo,
“La gente feliz no es noticia,
ni sale en los diarios”.

La última vez que vi a la Nana,
ella me miró a los ojos,
y me dijo sin pena,
¡Que seas feliz!
Fue la primera vez que pensé
que es lo mejor que uno puede esperar.

Cuando me iba a Barcelona,
lo único que me dijo fue, “prueba las cigalas”.
Otra vez me dijo, “Que en tu casa nunca falten
las cosas heredadas. Todo lo demás,
se puede comprar”.
“Para todo lo demás está Visa”,
dicen ahora.

En verano, la Nana nos llevaba
a recorrer los cerros de Valparaíso,
que ella quería mas que a Paris.
Subíamos y bajábamos en ascensores
que crujían oxidados, solos, oscuros,
misteriosos. Pero no íbamos por eso,
sino por el café helado
y los churrascos del Café Riquet,
que mirábamos con hambre desde arriba,
mientras dábamos vueltas por los cerros.
Íbamos, los cuatro primos más grandes,
aunque siempre los Rodríguez
fueron la luz de sus ojos.

Contaba que en Paris
cuando hacía mucho frío,
para calentarse las manos
compraba castañas asadas,
y se las metía en el bolsillo.

Apenas llegábamos a Ejército 141,
la Luchita nos llevaba a buscar huevos
en el gallinero “del fondo”,
que nos hacía después revueltos
en una paila abollada.

Un día, descubrió que tenía un calcetín roto
y me lo zurció sobre un huevo de madera.


Como seguramente me daba vergüenza,
me dijo: un calcetín zurcido
es mejor que un calcetín nuevo,
que cualquiera puede comprar.
Demuestra que alguien te quiere, y te cuida.

De la Luchita también aprendí,
el gusto por lustrar los zapatos.
Me decía, “cuando quieras saber
como es (de cuidadosa) una persona,
mírale los talones de sus zapatos”.

Me decía que cuando tuviera pena,
me acercara a una fuente
a escuchar correr el agua.
Como en esa pila de piedra,
que después estuvo en la entrada.

En los almuerzos de los domingos,
la gritería de los grandes era tal,
que parecía que se iban a matar.
Los niños callados esperábamos
mientras la fuente pasaba,
de puesto en puesto antes de llegar.
Después de la empanada
servían una taza de té.
Los platos más esperados
eran la escalopa cordón bleau,
que la Tita Olla aprendió en Puerto Varas
en su luna de miel, el bistec a lo pobre,
y el nido hecho de puré de papas dorado,
con dos huevos fritos al centro.

Para la Pascua, después de comer,
tres horas antes de la Misa del Gallo
para poder comulgar,
había que superar la vergüenza
y hacer “representaciones”.

A la vuelta de Misa una Pascua,
encontramos en el pasto a medio vaciar,
la bolsa roja del viejo pascuero.
Demostración definitiva que les día,
a la Carmen y a la Pilar,
de que el Viejo Pascuero existía.

En los matrimonios de los Guzmán Bravo,
siempre estaban el tío Poncho Guzmán
y su mujer la Mariíta Matta, que vive aún,
y Alfonso y José Antonio Guzmán Matta.

Me sorprendía,
que mujeres tan buena mozas como la Manena,
estudiaran matemáticas,
las acuarelas del auto volador que inventó Willie Guevara,
20 años antes que los hoovercraft,
la casa de la Nina y Perico con el corredor en pendiente,
que yo copié en el Hotel Remota en Puerto Natales.

La música de Bach, que escuchaban Pato y Alberto
en su escritorio a la entrada,
el patio de luz repleto de mügets,
el canasto que subía y bajaba a la casa de la Nana,
el timbre escondido en el ojo del dragón chino
al pie de la escalera,
el olor a madera,
la cortina modernísima que la Julita Alcalde pintó,
para la pieza de la Olguita, mi hermana.

Conocí la felicidad
de la vida al aire libre en el campo,
gracias a la generosidad
de la Tía Mariana y del tío Fernando,
las personas más simpáticas y cariñosas.

Un día galopando por la alameda frente al campo,
su potro el Retinto se metió entre de dos caballos
que iban adelante, y le quebró las piernas.
No entendíamos que lo mandara al matadero.

Mi mama que no era de campo nos hacía camisas,
el Pocho me ensillaba la Mora,
una lámpara encendida toda la noche en la llavería
del fundo Los Huertos de Quechereguas,
el enorme dintel de las ventanas con postigos
en los muros gruesos de adobe de las casas,
las idas a Misa en el coche,
un ford 30 partido por la mitad
tirado por un caballo con anteojeras.

La belleza y libertad para pensar de la tía Carmen,
que se completaba tan bien con el rigor de mi madre.

La independencia o timidez del tío Juan,
de la Paulina, y de Rafael Molina,
que también es una buena posibilidad para sobrevivir
en una familia tan rica y diversa.

El carisma de la Nina, el parvulario y sus clases.
La manera acogedora de escuchar de la Nana,
su estadía en Paris,
el libro de Cocina Popular,
que me ayudó a comer bien en Barcelona,
pero sobretodo junto con los juguetes de la Tita Olla,
me hizo ver el esplendor que tiene nuestra familia,
y confiar en el amor al trabajo bien hecho,
para lograr mucho mas que sobrevivir.

La Rosario casi mi hermana mayor,
la Carmen y la Pilar mis compañeras,
la Marianita y la Carolina, tan cariñosas,
y siempre adelante en la vida:
los hombres somos más tontos,
y nos demoramos en entender.

La suerte de tener todavía una madre,
y dos abuelas que nos cuidan
desde el más allá.

Mi papa, todavía en el mas acá,
tan callado y necesario,
aunque nadie lo conozca muy bien.

Y la bondad de mi abuela María
que nos dio la seguridad afectiva necesaria
para vivir mas o menos bien
la vida que nos ha tocado vivir.

Los quiere,

Germán del Sol Guzmán


Querido Germán,

Al recibir tu precioso poema a Tita Olla
te he visto como un chamán, con manta corta, chupalla y ojotas,
convocando presencias queridas que emergen y acuden encantados,
como si tal cosa, al encuentro de la ternura,
que es su escondrijo predilecto.
Aunque tengo valiosos reemplazos,
no creas que algo de envidia no me da
no haber compartido contigo a Tita Olla.
Pero tengo a Olga pescada por las mechas,
y no se me me escapará nunca.
Te abraza y te quiere, José Manuel

lunes, 8 de noviembre de 2010

Wabi Sabi. Pobreza Elegida.











                                                                                          Salam Amelikun!

¡Que la paz sea contigo!

Las moscas no te dejan tranquilo
y el sol inclemente 
olvida la sombra y la atraviesa 
con una bocanada de su aliento 
que lo calienta todo,

Como sabes, aquí en Marruecos
se tapan para refrescarse,
se echan la manta al hombro
para tener frío,
así el cuerpo está más fresco que la tarde,
y aunque muchos prefieren caminar de noche,
el único alivio verdadero
es la sombra oscura de las casas sin ventanas,
con piso de tierra
muros de tierra
y techos de tierra
de varios pisos de vigas de madera
que dejan pasar corrientes de aire
que suben con la misma velocidad
con que la luz baja sin perderse
por los muros de los patios
de hasta seis pisos de alto.

Te habrás preguntado alguna vez,
¿Qué sostiene a la gente en su pobreza?
¿Qué hay de bueno en la pobreza?
pues como el destino no puede ser solo
el cumplimiento de una tremenda injusticia,
habría que ver en ella que hay que deba salvarse
y que hay en ella que debe superarse,
porque una cosa es prescindir de algo
por voluntad propia
y otra muy distinta es pasar hambre
sin querer ayunar
o frío, sin buscarlo.

Pero obviamente acumulamos cosas
que nos esclavizan y que podríamos perder
para liberarnos a ratos o para siempre
y para empezar, de la necesidad de poseer
lo que en verdad no se posee,
como casi todo lo que es fundamental:
¡un paisaje no cambia cuando uno piensa es mío!
ni una persona,
ni un animal,
ni un cuadro,
solo es nuestro dice Borges
lo que hemos perdido,
para mi, dice, que soy ciego
los colores valen más
que para quienes los pueden ver,
pero sería hipócrita hacer
un elogio de la pobreza
así como así
sin darse cuenta
cuanto mejora la vida humana
cuando tenemos la libertad
que da la civilización
de ser un escalador
o un cantor
y no esclavos de la pirámide
o del huerto,
del clima o de las invasiones
de otros pueblos,
muchos avances
obvio, no todos buenos,
pero hay saber distinguir
para no meter toda la cultura
el mismo bulto,
y despreciar lo que es favorable.

No hay que olvidar que la vida
es más difícil que lo que crees,
creo…

Deja los estados de ánimo
no les hagas caso,
de los días malos nacen los buenos,
como “el cielo nacido tras la lluvia”
dice nada menos que Jorge Teillier.

Un abrazo,

Germán del Sol
8 de Noviembre de 2010

martes, 2 de noviembre de 2010

Un Día En El Mas Allá.








El Quique Amenabar, Juan Caribe, Angel Arrigorriaga (que tomò la foto) y yo,
en la isla Margarita, Venezuela, Febrero de 1970



Un día en el mas allá,
los últimos serán los primeros.
Por el momento, y en el mas acá,
no.

A veces,
es mejor viajar ilusionado,
que llegar,
mejor retirarse a tiempo,
que esperar.

A veces,
es mejor pasar por el barro
sin ensuciarse,
que lavarse las manos,
sin pasar por el barro,
por no dejar no más.

Tener hambre es humano
y comer es milagro.
Mejor quedarse con hambre
que comer demasiado.

Es humano ofender sin querer
y queriendo también,
y mas vale pedir perdón tarde,
que nunca.

Celebrar es humano,
y cuando uno quiere
nunca faltan buenos motivos.
Mejor encontrarlos primero,
y celebrarlos después.
No vayamos a repetir los ritos
sin motivo, ni celebrantes.

Cuando se pierde se piensa,
mejor jugar que ganar,
pero siempre es mejor jugar,
que mirar.

Es humano reír y llorar.
Es mejor reírse de uno,
y llorar por otro.

Es mejor divisar cien pájaros volando,
que tener uno en la mano,
dice mi madre,
mejor tener sueños que valgan la pena,
no vaya a ser que se cumplan.

El hermano de don Julio Avilés,
no es tonto ni para soñar:
dice que sueña con gringas.

Mejor tocar primero la campana,
y salir después con la procesión.

Ni el placer ni el dolor
se suman o se guardan.
Son pasajeros,
que no se detienen:
el placer y el dolor, pasan.
Sólo queda, lo que hace falta.

El tiempo tampoco se guarda.
Dejándolo pasar confiado,
uno se asoma a la eternidad.
El tiempo que se cuenta,
es el tiempo perdido.

Pero lo que ha perdido amigo,
lo que no tiene,
no se lo quita nadie,
y tal vez por eso sea
lo ùnico que vale.

German del Sol
Diciembre 2004

A Mi Capitán Luis Rosselot.

“Oh Capitán, mi Capitán", El duro viaje parece concluido, A los lejos se escuchan Ruidos de puerto.... , ...