miércoles, 29 de noviembre de 2017

Un Sencillo Homenaje a Margarita Serrano.


Cuando tenía 15 años,
fui invitado con mi papa y mi mamá
por la Margarita Serrano Pérez,
a la Hacienda Los Remolinos,
en la Estación General Cruz,
a orillas del río Itata,
un campo de su papa, el "Taita", 
don Horacio Serrano Palma,
poeta sabio, preciso
corto y profundo,
como una estocada,
o la caricia de una ráfaga.

Era un maestro,
-no un maestro como hoy:
Cuando dicen "viene un maestro",
el que viene es un gasfiter o un electricista-
sino un maestro espiritual
que conocía el Oriente,
que en los años 60 era tan seductor 
como es ahora la inteligencia artificial.

Quiero compartir contigo,
esta experiencia tan bella
que he atesorado en mi corazón, 
porque nuestro deber es vivir
como si nunca fuéramos a morir,
vivir felices,
o sencillamente vivir,
sin apegos desordenados
por los que uno quiere,
desea, o tiene.

Para mi lo mas bonito
y permanente de la visita
a la Margarita en Los Remolinos
tal vez sea aquel lugar irrepetible
-iba a decir irreductible-
donde el fruto de los cuidados
no eran más, sino menos 
cosas,

donde la falta de las cosas esperadas
hacía aparecer los bienes inesperados:
así quizá, faltaba la luz eléctrica
para que pudiera haber proximidad,
conversación, 
y noches oscuras estrelladas,
para que el centro fuera la vela,
titubeante, y no la certeza de al luz:
como dice Jorge Teillier,
a veces hay que apagar la luz
para tener conciencia de la luz.
A veces hay perderte Margarita
para hacerte nuestra.
Porque como dice Borges:

"También es nuestro,
lo que hemos perdido....
...Sólo es nuestro, 
lo que hemos perdido". 

el agua caliente,
la leche, o el pan, 
todavía tenían relación con su origen 
en el horno de leña,
la vaca parida, 
o en el fuego que el Taita prendía 
cada mañana debajo de un tambor
para calentar el agua, y luego el, 
y los demás gritaban a su turno 
"me voy a duchar", para ducharse 
tranquilamente desnudo.

Esto me recuerda que una vez 
en la casa de José Cruz Ovalle, 
Alberto Cruz, nos gritó:
"Encierrense en el baño,
que voy a hacer pipí en el jardín"...

El campo en Los Remolinos,
parecía salvaje, inculto,
un poco abandonado a su suerte,

porque quizá el fervor no se enseña tanto
haciendo producir un campo,
como haciendo fervorosamente
hasta lo mas sencillo
que nos toca hacer
para que adquiera un sentido
en la existencia.

Dios nos dio a la Margarita,
y como dice Isak Dinesen,
después se acordó y se la llevó.

Tal vez nunca fue nuestra.
La amistad es un amor sereno,
que sobrevive sin un beso,
ni una lagrima, ni una flor.

La amistad es un amor en potencia.
"Un fusil que esta ahí descargado,
es mucho mas que un fusil,
recién disparado" dijo alguien...

En los años 60 en el correo de Algarrobo,
recibí una carta de la Margarita
-el sobre tenía un membrete con vacas negras-
con un poema que decía algo asi como,

"Ella me miró y me dijo:
estoy sola y se hace tarde,
y ya se que no me quieres,
¿No te parece bastante?

 Su voz era como el humo
que en vez de subir se deshace,
su mirada una lagrima
que en vez de mirar, llorase.

Me miró, y no supe bien
que contestarle,
y me quedó su lamento,
¿No te parece bastante?

Desde entonces vago a veces
por los caminos del parque,
estoy sola, 
no tengo quien me quiera
y se hace tarde,
¿No te parece bastante?

Hasta pronto Margarita!



Germán 





Constable