Subida a Machu Pichu

Las terrazas de Pisaq
que los Incas cultivaban
con flores.
Si amigo, dejé el pincel, la tela y el andamio
para ir a nacer de nuevo después de 40 años,
piedra en la piedra
y he encontrado al hombre nuevamente
en cada una de esas piedras y en cada juntura.
He subido nuevamente por terrazas y escaleras,
y he comprobado que allí estaba el hombre
en un Juego sagrado con la montaña,
en un juego sagrado con el pedernal, sin hierro,
sin rueda ni sierra eléctrica.
Entre piedra y piedra estaba el hombre,
no Mondrian ni torres García.
El constructor inca y el escultor quechua
dando orden al caos, pero no tanto
porque cada piedra les sugería una dirección inesperada.
He comprobado que allí estaba el arquitecto primordial
que hizo ciudades con la montaña y con el viento,
con el valle, con las cimas, con el agua y con la tierra.
¿ Donde estaba el hombre, donde estaba la piedra,
donde la montaña y la lluvia, donde comenzaba uno
y donde sigue el otro?.
He subido hermano y he constatado lo lleno del vacío.
Y que el aire contiene lo que no vemos:
He comprobado que el misterio existe y que se ve.
Vi a grandes arquitectos que dejaron la decoración suntuosa
del chimú del Chavin y del Tiahuanaco,
que dejaron la escultura y el relieve,
ellos vieron que el templo no es lo que destaca
sino lo que hermana ,
comprendieron sin saberlo lo que vio el santo de Asís,
que el aire, la yerba el maíz, la llama,
el cerro , la luna, el sol, el cielo,
el gozo por lo bello del quechua o del chanca sometido,
son los materiales hermanos, uno junto al otro uno y el otro .
Oh grandes arquitectos,
que no sometieron al hombre a su voluntad
si no a la voluntad de la tradición,
que sintieron el verdadero afecto por la obra
y por el cuidado de la gente.
Oh grandes arquitectos,
que hicieron mucho con poco
y que no se contentaron con los contornos planos del valle,
prefiriendo el vuelo de las altas cimas escarpadas,
de abajo arriba y de arriba abajo
para obtener tesoros en las mas alta calma
donde duerme el silencio.
He vuelto a subir hermano,
y he roído con un palito mis 40 años transcurridos,
despojado de lanas chilotas, y sandalias franciscanas,
me junte como hormiga junto al turista,
-peregrino contemporáneo-
y recorrí con ellos con sus pasos sin sentido
por las ruinas con sentido.
Logré amarrarme a la antiguantana sagrada
y ella me amarro al sol, a la piedra,
y al rostro del quechua cincelado,
y vi al hombre y a la mujer en su tristeza transfigurada,
y descubrí que el santo y el asceta
también son el indio por los blancos despojado.
Sin odio, y sin rencor mendigos esculpidos por la altura,
mendigos ofreciendo tesoros hilados de sus manos.
He descendido hermano de estas escaleras tutelares,
con telas, con harapos de cielos hilvanados,
he descendido con el vaso de madera con cuero reparado,
con el marco de cedro cincelado,
con el candado de hierro oxidado,
y con el plato decorado;
he descendido con la bella y dulce tristeza de la india,
y con las tiernas palabras del cuzqueño .
He pasado por las salinas milenarias
con sus mil matices de ocres y de nieve,
descendí por terrazas y escaleras,
junto a fuentes de aguas sagradas;
por canales y termas de piedras geometrizadas .
Bajé junto al pintor de queros y de santos,
bajé junto al tallador de piedras y de barroco,
descendí con ellos lleno de tesoros recuperados.
Juan Francisco Echenique
Noviembre 2006

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